En una ciudad donde los espacios públicos comienzan a reflejar las prioridades reales de quienes los habitan, el programa “Quiero Mi Plaza” se consolida como una experiencia singular de democracia participativa a escala barrial. En su segundo año de implementación, la iniciativa impulsada por el Gobierno de Venado Tuerto no solo transforma plazas, sino también el vínculo entre el Estado local y sus ciudadanos.
En el barrio San Cayetano, la plaza del Docente vive por estos días una metamorfosis tangible: nueva vereda perimetral —reclamada históricamente por los vecinos—, un circuito para rollers, mobiliario urbano renovado, arboleda nativa y canteros pensados para atraer mariposas. La obra no responde a un plan cerrado desde un escritorio municipal, sino a la propuesta presentada por un grupo de vecinos en la edición 2024 del programa. Su voluntad fue votada y hoy se materializa en cada metro intervenido.
“El rasgo más valioso de ‘Quiero Mi Plaza’ es que no es el Estado el que decide unilateralmente cómo debe ser el espacio público. Es la comunidad la que propone, delibera, vota y luego ve hecha realidad su idea”, explica Facundo Rebasti, director municipal de Vecinales. Su rol es acompañar y canalizar los proyectos, pero también cuidar que el proceso conserve la transparencia y el espíritu colectivo con el que fue concebido.
A la par del avance en San Cayetano, se completan obras en otras tres plazas ganadoras de la edición anterior. En la plaza de los Pioneros ya se construyó el playón deportivo y resta la colocación de luminarias LED; en plaza Don Lucas, las obras también avanzan con la iluminación como tarea pendiente; y en la plazoleta del barrio Juan XXIII los trabajos están próximos a iniciarse.
Un detalle no menor es la incorporación en la plaza del Docente de un corredor biológico diseñado para la preservación de la mariposa Monarca, en colaboración con la activista ambiental Marina Díaz Vélez. Esta integración entre ecología urbana y participación ciudadana marca un punto alto en la concepción del espacio público como territorio vivo, cuidado y compartido.
“Ya estamos preparando la convocatoria para el 2025, y la idea es que cada vez más vecinos se animen a imaginar, diseñar y votar por las mejoras que desean en su barrio”, señala Rebasti. La fórmula es simple, pero potente: presupuesto abierto, decisión colectiva y ejecución pública.
Mientras muchas ciudades debaten cómo acercarse a su ciudadanía, Venado Tuerto avanza con una certeza: no hay mejor urbanismo que el que se construye con la voz de quienes caminan sus plazas.


