En una Argentina donde las brechas se ensanchan y los contrastes se hacen sistema, el patrimonio se ha convertido en el nuevo marcador social. Ya no se trata solamente de cuánto se gana por mes, sino de cuánto se tiene, cuánto se hereda y cuánto se puede acumular en forma de activos, propiedades o ahorros en moneda dura. En esa cuenta, las cifras son contundentes: el 10% más rico del país concentra el 59% de la riqueza nacional. La mitad de la población, apenas el 4%.
El dato surge de un informe reciente del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), basado en la World Inequality Database. La concentración es tan marcada que incluso el 1% más adinerado posee el 29% del total del patrimonio nacional, mientras que el 83% de los argentinos tiene menos de 15 millones de pesos en bienes y ahorros.
El trabajo, encabezado por el economista Alfredo Serrano Mancilla, advierte sobre un fenómeno silencioso pero estructural: “Es una Argentina para poquísimos”, afirma. A esa afirmación se suman otros datos reveladores: mientras los barrios cerrados y countries crecen alrededor de los grandes centros urbanos, el consumo masivo se estanca y más de la mitad de los hogares declara no llegar a fin de mes.
En términos concretos, el país presenta hoy una doble economía. Por un lado, una Argentina “dolarizada”, que consume, viaja, invierte y ahorra en moneda extranjera. Por otro, una Argentina “pesificada”, que resigna gastos, vive al límite de sus ingresos y depende de promociones para sobrevivir. El 23% de la población compra dólares, mientras que un 30% recorta gastos para poder pagar los servicios básicos.
Las diferencias no solo son de bolsillo: se transforman en realidades paralelas, con oportunidades y miedos muy distintos. Para una parte, la coyuntura se vive como posibilidad; para la otra, como restricción permanente.
Esta fractura social no es nueva, pero sí más visible. A la desigualdad de ingresos se suma ahora la desigualdad patrimonial, que tiende a reproducirse de forma intergeneracional. En un país que lidera el ranking mundial de deuda con el FMI —63.986 millones de dólares—, el horizonte para las mayorías parece cada vez más lejano.
Mientras algunos acumulan capital, otros queman sus ahorros para subsistir. Y en esa distancia, no solo se mide una estadística: se define el tipo de país que Argentina está siendo.


