En un aula de la escuela Normal N° 32 “Gral. José de San Martín”, más de 300 estudiantes compartieron una escena poco habitual: hablaron de salud mental, consumos problemáticos y redes digitales sin miedo, sin eufemismos y —sobre todo— sin que nadie los mande a callar. Fue el cierre de la primera etapa del programa “Salud Mental Adolescente. De esto sí se habla”, impulsado por el Concejo Municipal de Santa Fe y construido desde abajo, con ideas nacidas en el aula y llevadas al ámbito legislativo por el programa Concejo Joven.
Durante junio, el dispositivo recorrió cinco escuelas de la ciudad y puso en juego un enfoque inusual pero urgente: pensar la salud mental desde una perspectiva integral, comunitaria y sin prejuicios. Las charlas estuvieron a cargo de equipos profesionales de la Dirección de Abordajes de Consumos Problemáticos, que trabajaron desde la escucha activa, habilitando preguntas incómodas y necesarias: ¿qué entendemos por salud?, ¿qué pasa con los consumos digitales?, ¿es lo mismo una adicción que una necesidad?
La ordenanza que dio origen al programa, aprobada en mayo de este año, no surgió del diseño de un gabinete técnico. Fue redactada a partir de las propuestas de estudiantes del IPEI Leonardo Da Vinci, institucionalizada por la concejala Cecilia Battistutti y convertida en política pública con una fecha simbólica: el 27 de septiembre será, de ahora en más, el Día Municipal de la Salud Mental Adolescente.
“La salud mental no es solo un tema clínico. Es también una construcción social, afectiva y pedagógica. Y si queremos transformarla, tenemos que hablar con quienes la viven a flor de piel: los adolescentes”, explicó la directora de Consumos Problemáticos, Juliana Czernik.
En cada taller se abordaron temas como la ludopatía digital, las apuestas online y la tríada del consumo (sujeto, objeto, contexto). Pero más allá de los contenidos, lo esencial fue el método: una conversación horizontal, donde estudiantes y profesionales compartieron dudas, miedos y certezas en construcción.
Zaida Castelnovo, profesora del Bachiller en Comunicación de la Escuela Normal, sintetizó el desafío actual: “No se trata solo de prohibir. Se trata de entender qué buscan, qué sienten, por qué prefieren una red social antes que una clase. Y desde ahí, construir algo distinto”.
El cierre de la primera etapa no fue un punto final. En septiembre se realizará un evento con todas las escuelas participantes, con producciones audiovisuales, murales y una charla a cargo del psiquiatra Lucas Raspall. Pero lo importante ya está en marcha: se abrió un espacio donde hablar de salud mental adolescente dejó de ser tabú. Y en una sociedad que todavía esquiva el tema, eso ya es un cambio.


