Rosario en invierno: 800 personas viven en la calle y el Estado apenas logra contener el frío

La ciudad respira bajo cero. Mientras los vidrios se empañan y el vapor del café humea en los bares del centro, unas 800 personas viven a la intemperie en Rosario, durmiendo en portales, estaciones o bajo techos improvisados. De ese total, solo 300 acceden a un refugio municipal. El resto, en plena ola polar, sobrevive entre mantas, viandas y el esfuerzo —no siempre suficiente— de una red estatal y social que intenta sostener lo insoportable.

Desde el 9 de mayo, cuando comenzó el Operativo Invierno, la Municipalidad de Rosario, con apoyo del gobierno provincial y más de 30 organizaciones, intenta contener una crisis que ya dejó de ser episódica para volverse estructural. Ya se repartieron más de 26 mil viandas. El número crece un 30% respecto al año pasado y revela algo más que el frío: el hambre ya no distingue entre quienes tienen techo y quienes no. “Cada noche salen 700 raciones, y muchas no van a gente en situación de calle, sino a jubilados, familias, personas con trabajo informal. La necesidad crece”, admite Nicolás Gianelloni, secretario de Desarrollo Humano y Hábitat.

Rosario dispone de refugios en puntos clave: Cáritas en el centro, un albergue exclusivo para mujeres, otro en Felipe Moré y el más reciente en Uriburu y Avellaneda. Son espacios donde se puede dormir, recibir asistencia médica, bañarse, desayunar y —si se acepta el desafío— empezar de nuevo.

En cada refugio se dictan cursos de oficio, escolarización para adultos y apoyo psicológico. El abordaje es caso por caso, con un objetivo que excede el abrigo nocturno: la recuperación de una vida posible. “En 2024, logramos que unas 400 personas salieran de la calle. Pero es un trabajo artesanal. No hay soluciones masivas, sólo caminos individuales que deben ser acompañados”, detalla Gianelloni.

La cifra de personas en calle, aunque puede parecer menor para una ciudad de más de un millón de habitantes, concentra niveles extremos de vulnerabilidad. Muchos conviven con problemas de salud mental, adicciones o rupturas familiares que no se reparan con una frazada. “Insistimos en la revinculación. No hay nadie en la calle sin una red, aunque esté debilitada. Cuando se estabilizan, muchas veces logran volver”, señala el funcionario.

La Municipalidad activa guardias 24 horas, un centro de atención permanente para adultos mayores y canales de denuncia ciudadana (Munibot, 147 o rosario.gob.ar). El desafío es doble: contener hoy y reinsertar mañana. Pero con cada ola polar, la urgencia arrasa los tiempos largos del Estado.

Las calles de Rosario, en invierno, son el escenario de una desigualdad tangible. Frente al frío, la asistencia llega. Lo que aún no llega del todo es la solución.

 

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