Se fueron en silencio. Ahora, algunos empiezan a volver. Sin conferencias de prensa ni declaraciones públicas, grandes fortunas argentinas que emigraron en los años de alta presión fiscal regresan al país, seducidas por las rebajas impositivas del gobierno de Javier Milei. La noticia, confirmada por contadores de la City porteña y fuentes oficiales, reabre una vieja pregunta: ¿cuánto pesan los impuestos en la decisión de quedarse o irse? ¿Y cuánto pesa, también, el deseo de no desarraigarse?
En 2021, elDiarioAR había identificado a 26 multimillonarios argentinos que habían mudado su residencia fiscal al exterior tras la suba del impuesto a los Bienes Personales y la aprobación del Aporte Solidario a las Grandes Fortunas. Entre ellos figuraban nombres de peso: Marcos Galperin (Mercado Libre), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), la familia Stuart Milne (Banco Patagonia), Gustavo Grobocopatel, las herederas Fortabat y hasta Susana Giménez. El destino preferido: Uruguay.
Hoy, tres de esos 26 ya están de regreso. Un número pequeño, pero simbólicamente potente. Entre ellos, Gerardo Werthein –ahora canciller del gobierno libertario– y los hermanos Miguens Bemberg, exaccionistas de Cervecería Quilmes.
Del éxodo al retorno: lo que cambió
El giro fiscal fue claro. Milei impulsó en 2024 una reducción de la alícuota máxima de Bienes Personales del 2,25% al 1%, con la promesa de llevarla al 0,75% en 2026. Pero lo más atractivo fue la posibilidad de pagar por adelantado cinco años de impuestos con una tasa reducida de solo 0,5%, garantizando estabilidad tributaria hasta 2038.
Una oferta difícil de rechazar. “La mayoría de los que regresan lo hicieron por ese régimen especial”, explica un contador de grandes patrimonios. Otros, simplemente, se cansaron de vivir contando días fuera del país para no caer en infracción. “ARCA (ex AFIP) sigue controlando cada ingreso, cada vuelo. Muchos prefieren dejar de vivir vigilando el calendario”.
El factor humano
Pero no todo es matemática. Algunos regresan también por razones afectivas. “Extrañaban a sus nietos, a sus amigos, al médico de toda la vida. No es tan fácil armar una vida afuera después de los 60”, cuenta otro asesor contable. La salud privada, los vínculos sociales y la familiaridad con el sistema argentino –aun con sus defectos– pesan más de lo que se suele admitir.
No hay discursos de épica nacional. Solo decisiones pragmáticas que revelan cómo la política fiscal es, muchas veces, una política migratoria encubierta.
Una postal invertida: los ricos regresan, las empresas se van
Paradójicamente, mientras algunos millonarios argentinos vuelven, grandes empresas extranjeras hacen las valijas. Esta semana se conoció que Carrefour busca vender su operación local. La lista de firmas que ya abandonaron o anunciaron su retiro del país con Milei incluye a HSBC, Clorox, Telefónica, ExxonMobil y hasta Flybondi. Muchas otras –como Raízen (Shell) o Equinor– están en modo “evaluación”.
No es solo una cuestión de tipo de cambio o consumo interno. Para las multinacionales, la volatilidad política y económica argentina sigue siendo un obstáculo mayor que las ventajas fiscales.
El poder de irse y el lujo de volver
El regreso de algunos millonarios no implica un efecto derrame. No se traduce automáticamente en inversión productiva, empleo ni dinamismo económico. Son decisiones personales que ilustran la asimetría de poder entre quienes pueden irse cuando quieren y quienes no tienen más opción que quedarse.
Mientras tanto, millones de argentinos hacen cuentas para pagar el alquiler, financiar la salud o sostener un comercio en crisis. Ellos no pueden elegir dónde tributar. Ni cuándo volver.
Y en ese contraste silencioso, quizás se juega el verdadero sentido de pertenencia a un país.


