En Rosario no sólo se plantan árboles. Se planta también una narrativa.
Una ciudad que creció entre cemento y asfalto hoy apuesta por el verde como gesto de gestión, pero también como mensaje: un modo de ordenar el espacio público, reparar zonas degradadas y construir una idea de futuro habitable.
Durante la semana del 14 al 19 de julio, la Municipalidad de Rosario desplegó un calendario de plantaciones en múltiples barrios. No es sólo un operativo de jardinería urbana: detrás del movimiento de palas, ejemplares y cuadrillas, late el pulso de una política pública que busca hacer visible su intervención territorial con un lenguaje distinto.
El Plan de Gestión Integral del Arbolado, bajo la órbita de la Secretaría de Ambiente y Espacio Público, prevé incorporar 80.000 árboles, priorizando especies nativas y distribuyéndolos en veredas, plazas, bulevares y zonas recuperadas. En esta etapa, 10.000 de ellos fueron adquiridos vía licitación pública y otros provienen del vivero del Bosque de los Constituyentes, donde también se producen especies autóctonas.
La agenda de esta semana avanza por Coolidge, Cabanellas, Friuli, bulevar Oroño, avenida De la Libertad, Ovidio Lagos y, como escena final, plaza Pringles. Acer buergerianum, liquidámbar, lapachos y plátanos: cada especie elegida configura una estética, pero también una funcionalidad urbana. Los árboles proyectan sombra, reducen el calor, absorben contaminantes y bajan los niveles de ruido. Son, además, una respuesta concreta frente a las islas de calor urbanas.
Pero en Rosario los árboles hacen más que eso. Funcionan como una forma de presencia. El arbolado nuevo llega con cartelería, comunicación, voluntariados escolares, convenios público-privados, cronogramas y fotos: el verde es también discurso.
En tiempos de gestión híper visible, plantar es mostrar. Y en ese gesto, el municipio de Rosario convierte el arbolado urbano en política. Una que crece lento, pero deja raíces.


