Mientras el gobierno nacional insiste con el ajuste, las provincias decidieron otro camino: aumentar el gasto. En el primer trimestre de 2025, el gasto primario de los gobiernos subnacionales (23 provincias más CABA, excluyendo La Pampa) creció un 17,8% real interanual, según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). Una señal de autonomía, pero también una prueba de tensión política en la era Milei.
El dato llega en un momento clave: la Casa Rosada necesita de los gobernadores para sostener su agenda en el Congreso, especialmente ante la posibilidad de un veto presidencial a la reforma jubilatoria impulsada por el kirchnerismo. A cambio de sus votos, los mandatarios provinciales reclaman garantías sobre la coparticipación de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y un reparto más justo del impuesto a los combustibles.
En cifras, la diferencia no es menor. Según Politikón Chaco, entre enero y mayo de 2025 las provincias deberían haber recibido $214.949 millones por ATN; recibieron apenas $80.500 millones. Mientras tanto, los ingresos nacionales caen —1,7% en el semestre—, en parte por la eliminación del impuesto PAIS. En contraposición, los ingresos provinciales subieron 8,2% gracias a una mejora en las transferencias automáticas y las contribuciones a la seguridad social.
La paradoja fiscal
El resultado primario consolidado fue superavitario: $2,8 billones en moneda de junio 2025. Pero en términos reales, eso representa una caída del 39,5% respecto al mismo período de 2024. Traducido: más ingresos, sí, pero mucho más gasto.
Las principales subas se registraron en salarios (+13,8%), transferencias corrientes (+12,4%) y jubilaciones provinciales (+19,2%). El gasto en inversión real directa —una rareza en tiempos de ajuste— aumentó un 42,1% real. Solo el rubro transferencias de capital mostró una caída.
Así, el 52% del aumento del gasto primario se explica por dos factores: salarios y haberes previsionales. Son decisiones con impacto directo en la vida cotidiana, pero que tensan las metas de superávit comprometidas con el FMI. Mientras Milei promete cerrar el año con un 1,6% de superávit, los gobernadores sostienen el gasto como ancla de gobernabilidad.
Un equilibrio inestable
Carlos Guberman, secretario de Hacienda de la Nación, es uno de los nombres en el centro de esta pulseada. La estrategia nacional es clara: contener el gasto sin subir impuestos, y presionar para que las provincias hagan lo mismo. Pero los datos muestran otra realidad: los subnacionales no solo no recortaron, sino que profundizaron el gasto.
Este desajuste en las velocidades fiscales deja a la Argentina frente a un dilema poco visible: la gestión macroeconómica depende de una coordinación que no existe. Y mientras la Nación ajusta, las provincias expanden. No por rebeldía, sino por necesidad.
En tiempos de crisis, el poder se construye no solo con leyes, sino con pagos puntuales, sueldos al día y obras en pie. Los gobernadores lo saben. Y aunque las luces de Buenos Aires proyectan la narrativa del déficit cero, en el interior el mensaje es otro: sin gasto, no hay territorio.


