En la ex Rural, entre mates compartidos, danzas folklóricas y canciones para el alma, más de 1.200 adultas y adultos mayores de toda la ciudad se reencontraron para celebrar el Día de la Amistad. Fue una tarde de risas, cuerpos en movimiento y palabras cálidas, pero sobre todo, fue una declaración colectiva: en Rosario, envejecer no es sinónimo de soledad.
El evento, organizado por la Dirección de Adultas y Adultos Mayores de la Municipalidad, reunió a participantes de clubes, vecinales, centros de jubilados y espacios Caiam, además de residentes del Hogar de Mayores y alumnas y alumnos de la Escuela Dr. Marcos Berezovsky. Todos ellos llegaron desde distintos puntos de la ciudad, pero con un mismo objetivo: sentirse parte.
Una ciudad que abraza
“Este evento significa poder reencontrarnos y pasar momentos gratos para seguir dándole alegría a la vida”, dijo Claudia Fleitas, subsecretaria de Desarrollo Humano. El predio se llenó de mesas, rondas de charla, manos entrelazadas. La banda Abril Borga fue el cierre musical que todos corearon de pie, pero el verdadero show lo dieron ellas y ellos: los que bailaron, se emocionaron, y no dejaron de agradecer.
La directora del área, Victoria Zangara, explicó que el sentido de estos espacios va más allá del entretenimiento. “Cada vez somos más. Eso es maravilloso porque hace que tengamos una vida saludable y activa”, subrayó. Lo que propone el municipio con estas políticas es sencillo, pero urgente: sostener redes afectivas, combatir el aislamiento y garantizar derechos. Todo eso se construye bailando, claro. Pero también escuchando.
“Esto me cambió la vida”
Norma, vecina del sur de Rosario y participante del Club Tiro Suizo, celebró el Día de la Amistad y su cumpleaños en el mismo encuentro: “Si no, estaríamos en casa mirando televisión. Esto me cambió la vida”, dijo.
Valentina, del Caiam Polideportivo 9 de Julio, compartió una experiencia similar: “Me renovó. El grupo es homogéneo, todos somos compañeros”. Y Eva, recientemente viuda, encontró en el Caiam del 7 de Septiembre una red de contención inesperada: “Quedé sola hace poco y encontré compañía, comprensión y afecto. Estoy muy agradecida”.
No son frases decorativas. Son la prueba más clara de que el cuidado no es solo un derecho: es una forma de vivir mejor.
Una política del cuidado con rostro y nombre
La jornada forma parte del Plan Cuidar, que define al cuidado como una actividad esencial y colectiva. Bajo esta mirada, el municipio no solo ofrece actividades, sino que asume una responsabilidad social concreta: que envejecer en Rosario sea también motivo de celebración, dignidad y comunidad.
Entre los asistentes estuvieron la secretaria de Cercanía, Carolina Labayru; la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck; el diputado Germán Scavuzzo y Santiago Vieytes, director de la Universidad de Personas Mayores (UNR), entre otras autoridades.
Pero ese día, las protagonistas no estaban en el escenario. Estaban en cada banco compartido, en cada ronda de danzaterapia, en cada abrazo que llegó sin pedir permiso. Y en cada uno de esos gestos, Rosario se pareció un poco más a la ciudad que quiere ser.


