El PRO santafesino se acopla al nuevo frente de gobernadores y reconfigura el tablero electoral

Sin nombre definitivo pero con urgencias concretas, la flamante alianza “federal” que lanzaron cinco mandatarios provinciales esta semana sumó en menos de 48 horas su primer respaldo partidario en Santa Fe. El PRO, reunido en asamblea virtual, votó a favor de integrar el espacio que encabezan Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora, Carlos Sadir, Ignacio Torres y Claudio Vidal, y aceleró así la ingeniería de listas de cara al cierre de alianzas del jueves.

La mañana del domingo encontró a los principales dirigentes amarillos conectados por Zoom. Cristian Cunha—presidente de la asamblea provincial—y la vicegobernadora Gisela Scaglia condujeron un debate breve pero concluyente: la conducción consideró “una gran oportunidad para ofrecer al electorado una mirada desde el interior” y aprobó la incorporación por mayoría simple. Cunha insistió en que el armado “no es un frente contra nadie” sino una plataforma “federal” destinada a disputar bancas en la Cámara de Diputados nacional.

La decisión convierte al PRO en la primera fuerza de Unidos en formalizar su adhesión. La UCR santafesina resolverá el martes en convención, bajo la presidencia de Carlos Suárez; el Partido Socialista lo hará el miércoles. Ambos actores llegan a la cita bajo presión: la Casa Gris quiere una coalición lo más amplia posible que respalde a Pullaro y evite listas competidoras capaces de fragmentar el voto moderado. El propio gobernador subió la apuesta al advertir al socialismo que “jugará a fondo” aun si el PS decide correr por fuera.

Un “grito” que tensó la agenda nacional

El germen del nuevo frente se gestó el miércoles en Buenos Aires, cuando Pullaro (Santa Fe), Llaryora (Córdoba), Torres (Chubut), Sadir (Jujuy) y Vidal (Santa Cruz) presentaron lo que varios bautizaron—no sin mueca histórica—“Un grito federal”. El objetivo: erigir una tercera vía entre el oficialismo libertario de Javier Milei y el peronismo kirchnerista, capitalizar el malestar por la caída de transferencias y obras, y proteger los intereses productivos del interior. En Santa Fe, la jugada abrió una ventana para reordenar la oferta legislativa sin la mochila de las marcas nacionales hoy en crisis.

Nueve bancas en juego, un reloj en marcha

La provincia renueva nueve escaños de Diputados en octubre, una elección que, históricamente, define el equilibrio parlamentario santafesino en Buenos Aires. Para el oficialismo, asegurar una bancada robusta es condición indispensable para sostener la agenda de obras hídricas y logísticas que Pullaro negocia desde enero. “La fuerza de la delegación santafesina será inversamente proporcional a su dispersión”, resume un operador radical.

El cronograma apremia: el jueves vence el plazo para inscribir frentes, y las fórmulas deberán estar cerradas antes del 18 de agosto. En el PRO, el nombre de la exdiputada Anita Martínez circula junto al del exministro Federico Angelini, aunque la asamblea evitó enredarse en esa discusión. La prioridad, repiten, es sellar la marca y el reglamento interno que definirá el reparto de lugares.

La lógica de la liga

La alianza de gobernadores revaloriza, con acento siglo XXI, la vieja lógica de las ligas provinciales que emergen cada vez que la Casa Rosada estrecha el flujo de fondos. Pullaro y Llaryora, ambos llegados al poder en 2023 con coaliciones heterogéneas, comparten una agenda de competitividad regional: baja de retenciones, actualización de subsidios al transporte y financiamiento de infraestructura exportadora. Sadir y Torres aportan la carta minera y pesquera, mientras Vidal encarna la voz de una Patagonia que acusa abandono presupuestario.

El armado, sin embargo, exhibe fragilidades. La ausencia de gobernadores del PJ—hasta ahora reacios a romper con Milei—limita el alcance territorial, y la falta de una marca consensuada dificulta la comunicación. En el PRO santafesino admiten que “la identidad del frente” es hoy “un trabajo en curso” y que la llegada eventual de mandatarios como Jorge Macri (CABA) o Rogelio Frigerio (Entre Ríos) podría obligar a renegociar equilibrios internos.

¿Y después de octubre?

El impacto inmediato se medirá en votos, pero la mirada larga atraviesa 2027. Los equipos de campaña ya bosquejan una narrativa de “neofederalismo productivo” para una sociedad fatigada por la grieta y la recesión. Si la alianza logra instalarse como bloque propio en la Cámara baja, sus impulsores apuntarán a convertirla en plataforma presidencial. En Santa Fe, donde la coalición Unidos llegó al poder con un contundente 58 % de los sufragios, la apuesta es revalidar liderazgo y proteger una gobernabilidad que la crisis fiscal amenaza cada semana.

Por ahora, el PRO dio el primer paso y encendió la mecha. El resto de los socios deberá elegir entre sumarse al tren o arriesgarse a competir con boleta corta en un turno electoral que, de repetirse la lógica de 2023, penalizará la dispersión. El jueves, cuando cierre el registro de alianzas, se sabrá cuántos decidieron escuchar—y cantar—este nuevo grito federal

 

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