La policía detuvo a un joven de 29 años que protagonizó una secuencia insólita: salía del hospital José María Cullen, donde estaba internado, para asaltar un kiosco ubicado en la esquina de Lisandro de la Torre y Avenida Freyre, y regresaba como si nada a su habitación.
El último intento ocurrió el martes a la tarde, cuando personal de la Brigada Motorizada lo interceptó dentro del nosocomio, aún con un suero colocado. Según testigos, había vuelto a amenazar con un cuchillo a la empleada del local, repitiendo el mismo modus operandi que utilizó el lunes, cuando logró llevarse la recaudación, y el jueves anterior.
El paciente estaba internado desde el 3 de septiembre en una sala común por una problemática vinculada al consumo de sustancias. Desde allí planeaba y ejecutaba los robos, siempre contra el mismo comercio, lo que encendió la alarma de los vecinos de la zona.
La fiscal Roxana Peressin ordenó que el hombre pasara a calidad de detenido formalmente mientras se avanza en la investigación de los reiterados episodios. El caso expone una conjunción crítica entre la vulnerabilidad social, la atención médica y la seguridad pública, con un hospital convertido, de manera involuntaria, en punto de partida y retorno de hechos delictivos.


