En Rafaela, el debate sobre la pirotecnia dejó de ser coyuntural hace casi una década. Cada diciembre lo recuerda: la ciudad no discute si está bien o mal tirar bombas de estruendo, sino cómo sostener una forma distinta de celebrar. En la previa de las fiestas, el gobierno municipal volvió a reforzar esa idea con una campaña que apela a un gesto simple y, a la vez, profundo: más luces, menos ruido.
La iniciativa se apoya en la Ordenanza Nº 5081, sancionada en 2016, que declara a Rafaela “Ciudad Libre de Pirotecnia de Efecto Audible No Lumínica”. La norma prohíbe el uso de pirotecnia sonora en eventos organizados por el municipio y restringe de manera estricta su tenencia, venta y comercialización en el ámbito urbano.
El mensaje oficial, impulsado por el Programa por los Derechos de los Animales y el Instituto para el Desarrollo Sustentable, busca algo más que el cumplimiento formal de una regla. Año tras año, la campaña insiste en un cambio cultural: abandonar prácticas asociadas al festejo tradicional y reemplazarlas por rituales que no generen daño ni sufrimiento en personas ni animales.
La ordenanza establece alcances concretos. Quedan prohibidas las bombas de estruendo de una pulgada o más y cualquier otro producto de potencia similar o superior, aun cuando cuenten con autorización de fabricación. También se impide la venta de pirotecnia a menores de 16 años y la elaboración, comercialización o uso de artefactos que no estén calificados como de venta libre por Fabricaciones Militares.
El fundamento no es abstracto. La evidencia acumulada sobre los efectos de la pirotecnia sonora atraviesa distintos planos de la vida urbana. Adultos mayores, bebés, personas con hipersensibilidad sensorial o dentro del espectro autista, y quienes padecen determinadas enfermedades suelen ser los más afectados por la contaminación acústica. El ruido intenso puede generar miedo, ansiedad, taquicardia, alteraciones del sistema inmunológico y descompensaciones físicas.
A eso se suma el impacto sobre los animales, que reaccionan con estrés extremo, desorientación y conductas de riesgo. Y, en paralelo, los daños colaterales: quemaduras, lesiones oculares, fracturas, hipoacusia por perforación del tímpano, incendios y deterioro ambiental, muchas veces asociados al uso irresponsable de estos artefactos.
Para canalizar denuncias o reclamos vinculados al uso indebido de pirotecnia, el municipio recuerda que está disponible la línea 147 Rafaela Responde. La herramienta forma parte de una estrategia que combina control, prevención y participación ciudadana.
Detrás del llamado a “celebrar con conciencia” hay una definición política que Rafaela sostiene en el tiempo. No se trata solo de evitar el ruido durante unas horas, sino de consolidar una idea de convivencia donde el festejo no implique que alguien —persona o animal— tenga que pagar el costo.


