Los cortes de luz anunciados para este martes 13 en Santa Fe, Santo Tomé, Sauce Viejo y Recreo vuelven a poner en primer plano una verdad incómoda: la infraestructura se nota justo cuando falla. Y en enero, con demanda alta y paciencia baja, cada interrupción funciona como auditoría pública del sistema.
El dato duro es operativo: la EPE detalló franjas horarias y cuadrantes específicos, con trabajos de mantenimiento y mejoras. Lo relevante es lo que dispara: vecinos y comercios no discuten la necesidad del arreglo; discuten la previsibilidad, la comunicación y el “por qué a mí” cuando el calor empuja el consumo eléctrico al límite.
En términos de gestión, el desafío no es evitar todo corte —imposible— sino evitar el ruido acumulado: la sensación de fragilidad permanente. Cada ventana de trabajo obliga a elegir: concentrar el impacto en pocas horas, o dispersarlo y multiplicar el malhumor. En 2026, esa decisión ya no es técnica: es reputacional.

