Buenos Aires, 20 de febrero de 2026.
Hay escenarios que consagran y otros que tensionan. El Teatro Colón pertenece a la segunda categoría. No es un espacio neutro: impone tradición, acústica, historia. Y justamente allí, donde durante más de un siglo resonaron voces líricas y partituras clásicas, Nicki Nicole decidió probar que el trap también puede habitar el mármol.
La artista rosarina había anunciado originalmente su concierto para el 19 de febrero, pero lo postergó en adhesión al paro nacional. La decisión excedió la agenda logística y se leyó como gesto político. En redes sociales, su mensaje fue claro: el arte no ocurre en una burbuja. El cambio de fecha no debilitó la expectativa; la multiplicó.
La alfombra roja anticipó que no se trataba de un recital convencional. Referentes del streaming, la televisión y la escena urbana desfilaron por el Colón en una postal impensada una década atrás. Entre ellos estuvieron Tiago PZK, Tuli Acosta, Sofía Martínez, Grego Rossello, Fede Bal, Evelyn Botto y Felipe Fort, en una mezcla de mundos que reflejó la transversalidad del fenómeno Nicki.
Cuando se apagaron las luces, la propuesta tomó otra dimensión. Acompañada por una orquesta sinfónica, Nicki reformuló su repertorio con arreglos que expandieron el pulso urbano hacia una sonoridad más épica. No fue una adaptación cosmética: el show buscó integrar dos tradiciones que históricamente parecían distantes.
Uno de los momentos más celebrados llegó con la versión orquestal de “Olvídala”, el clásico de Binomio de Oro de América. La cumbia, llevada al formato sinfónico, encontró un nuevo registro sin perder su raíz popular.
El punto más simbólico de la noche se produjo con la aparición de Cazzu. Juntas interpretaron “Zona de Promesas”, canción asociada a Gustavo Cerati y Mercedes Sosa. El cruce no fue casual: conectó generaciones y tradiciones, y funcionó como declaración estética. El legado de la música argentina dialogó con el presente urbano sin pedir permiso.
Consciente de la capacidad limitada del teatro, Nicki decidió transmitir el espectáculo en vivo a través de su canal oficial de YouTube. La decisión amplió el alcance del evento y convirtió la gala en un acontecimiento digital global. Lo que ocurrió dentro del Colón no quedó encerrado entre sus columnas.
Más que un concierto, la noche operó como síntesis. Una artista surgida de la cultura urbana pisó el escenario más emblemático del país, resignificó su repertorio y tensionó las fronteras entre alta cultura y música popular contemporánea. El Colón no cambió de identidad. Pero por unas horas, su historia incorporó un nuevo sonido.


