En 10 segundos:
• Qué pasó: Gendarmería interceptó una Amarok que intentó evadir un control y halló 423,5 kg de cocaína.
• Qué cambia desde hoy: La investigación queda bajo órbita federal con rastrillajes en el departamento Las Colonias.
• A quién le pega: A la red logística que utilizó rutas provinciales como corredor de traslado.
• Qué mirar ahora: Si aparecen los ocupantes y qué conexiones regionales revela la carga.
Las Colonias, 28 de febrero de 2026.
El amanecer en el cruce de las rutas provinciales 4 y 61 no suele ofrecer más que tránsito rural y camiones cargados. Este sábado ofreció otra escena: una camioneta que, al advertir la presencia de Gendarmería Nacional, decidió girar sobre el asfalto y escapar. El movimiento brusco activó una persecución que se extendió por decenas de kilómetros y terminó sin detenidos, pero con un dato contundente: 423 kilos con 500 gramos de cocaína dentro de una VW Amarok abandonada.
El operativo formaba parte de controles de Prevención Activa de personas y vehículos en tránsito. La maniobra evasiva fue suficiente para que los uniformados iniciaran el seguimiento. Según fuentes oficiales, los ocupantes lograron huir tras abandonar el vehículo. La carga quedó intacta.
El pesaje, realizado en presencia de testigos y con narcotest positivo, confirmó el volumen del cargamento. No se trata de microtráfico ni de transporte menor. Son más de cuatro quintales de cocaína circulando por rutas provinciales del centro santafesino.
La intervención quedó bajo la órbita de los fiscales federales Gustavo Onel y Pablo Micheletti. La camioneta fue trasladada al Escuadrón Vial San Justo y se dispuso cadena de custodia permanente sobre la droga secuestrada.
El episodio expone una pregunta más amplia que excede el procedimiento puntual: por qué un corredor secundario del departamento Las Colonias aparece como escenario de traslado de semejante volumen. La ruta 4 conecta con la 11 y con trazas que vinculan el centro provincial con el norte y con el área metropolitana rosarina. La 61, por su parte, funciona como vía lateral con menor visibilidad mediática pero con tránsito constante.
El dato operativo es el secuestro. El dato político es la ausencia de detenidos. Una carga de 423 kilos no se improvisa. Implica logística previa, financiamiento y destino definido. Cada tramo recorrido sin interceptación previa revela zonas grises en el mapa del control.
La persecución no terminó en enfrentamiento ni en choque. Terminó en abandono. Esa decisión sugiere que la prioridad de los ocupantes fue evitar la captura antes que preservar el cargamento. La droga quedó. Las personas no.
En términos judiciales, el expediente recién comienza. Se abrirán pericias sobre el vehículo, rastros, comunicaciones y posibles cámaras en el trayecto. En términos territoriales, el hecho vuelve a colocar a Las Colonias en una conversación que suele concentrarse en Rosario y el cordón industrial.
El volumen secuestrado tiene además impacto estadístico. En el acumulado anual de incautaciones, un solo procedimiento de estas características altera promedios y redefine prioridades de investigación.
La pregunta inmediata es operativa: dónde están los prófugos. La pregunta estructural es logística: cuál era el destino final de la carga. La cocaína no se detuvo en Elisa por casualidad. Circulaba con un plan.
La escena del amanecer en el cruce rural dejó una imagen simple: una camioneta vacía y cientos de ladrillos envueltos. La investigación ahora deberá reconstruir el trayecto anterior y el destino posterior que no llegó a cumplirse.
Mientras tanto, el procedimiento suma un número preciso —423,5 kilos— y deja un vacío igual de preciso: dos personas que lograron escapar y una red que todavía no aparece en el expediente.


