Caputo admite el freno de la desinflación, pero apuesta a sostener la deuda sin volver a los mercados

En 10 segundos:
Qué pasó: Luis Caputo reconoció que la inflación dejó de bajar al ritmo previo y defendió que se trata de un retroceso transitorio
Qué cambia desde hoy: el Gobierno empieza a preparar el relato de una desaceleración más lenta, sin abandonar el superávit ni salir a buscar deuda afuera
A quién le pega: a la expectativa social de una baja más rápida de precios y al debate sobre si el plan económico ya entró en una zona más exigente
Qué mirar ahora: si marzo confirma una nueva desaceleración o si la inflación sigue trabada cerca del 3% mensual

Buenos Aires, 20 de marzo de 2026.
Luis Caputo empezó a corregir el tono. Ya no habló desde la lógica de una desinflación lineal sino desde una defensa preventiva de un proceso que, según admitió, perdió velocidad. En el 21.º Simposio de Mercado de Capitales del IAEF, el ministro sostuvo que la inflación depende del equilibrio entre oferta y demanda de pesos, reconoció que hubo un “retroceso” en los últimos siete u ocho meses y buscó encuadrar la aceleración reciente como el efecto de ajustes puntuales en precios regulados y en la carne.

Los datos oficiales muestran que el diagnóstico del ministro se apoya en una parte de la foto, pero no la agota. El IPC de febrero fue de 2,9%, igual que en enero, con una suba de 6,8% en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; 4,3% en regulados; y 3,3% en alimentos y bebidas no alcohólicas. Es decir: hubo presión tarifaria, pero el piso inflacionario siguió siendo más ancho que un episodio aislado.

Caputo apostó a una idea central: que la economía “está tremendamente en orden” y que la persistencia inflacionaria responde más a recomposiciones específicas y a la demanda de dinero que a un descalabro macro. En esa línea dijo que la carne “no va a seguir subiendo 8% todos los meses” y planteó que, pasado ese impacto, debería retomarse el sendero de desinflación.

La otra definición fuerte pasó por la deuda. El ministro descartó volver al mercado internacional para colocar bonos y afirmó que el Gobierno ya tiene “financiamiento identificado” para cubrir los próximos tres vencimientos de capital, incluido el cupón de julio de este año, enero de 2027 y julio de 2027, por cerca de USD 9.000 millones. También insistió en que la estrategia oficial es refinanciar “lo más barato posible” y que en los próximos meses se conocerán herramientas alternativas que hoy el mercado todavía no ve.

Ahí aparece el dato político de fondo. El Gobierno necesita demostrar dos cosas al mismo tiempo: que puede convivir con una inflación menos dócil sin romper el relato de estabilización, y que puede atravesar los grandes vencimientos externos sin volver a depender del mercado global en condiciones caras. Caputo incluso sostuvo que el riesgo país actual le parece “exagerado” y que, mientras existan vías más baratas, no tiene sentido pagar el costo de una reapertura financiera prematura.

El problema es que esa tesis exige resultados rápidos. Si la inflación vuelve a bajar, el Gobierno podrá presentar estos meses como una pausa. Si queda clavada cerca del 3%, la discusión cambiará: ya no será cuánto se desaceleró desde el pico, sino qué tan sólido era el ancla que prometía converger mucho más rápido.

 

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