La confianza en Milei cayó por sexto mes seguido y perforó una barrera política clave

En 10 segundos:
Qué pasó: la confianza en el Gobierno cayó 1,6% en mayo y quedó en 1,99 puntos
Qué cambia desde hoy: el desgaste deja de ser un episodio aislado y se convierte en una tendencia de seis meses
A quién le pega: al oficialismo nacional y a su capacidad de sostener expectativa pública
Qué mirar ahora: si la baja en “capacidad para resolver problemas” empieza a condicionar la agenda política

Buenos Aires, 26 de mayo de 2026. El número simbólico llegó antes que el golpe político: la confianza en el Gobierno cayó por debajo de los 2 puntos.

El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó en mayo en 1,99. La baja mensual fue de 1,6%, pero el dato más pesado está en la secuencia: seis meses consecutivos de retroceso, con una contracción acumulada de 19,2% en lo que va de 2026.

La medición ya marca una zona de desgaste más estable. La confianza pública suele funcionar como un colchón político: permite absorber conflictos, justificar costos y sostener expectativa. Cuando ese margen empieza a achicarse, cada decisión oficial queda más expuesta.

El deterioro más fuerte apareció en el componente “Capacidad para resolver los problemas del país”, que cayó 5,6% y tocó un nuevo mínimo de gestión. Ese punto importa más que la variación mensual. La confianza deja de estar atada solamente a la adhesión ideológica y empieza a medirse contra resultados concretos.

El informe mostró otros retrocesos en la percepción sobre “Preocupación por el interés general” y “Honestidad”. En cambio, la evaluación general del Gobierno y la eficiencia administrativa tuvieron mejoras leves. La foto combina resistencia parcial del núcleo de apoyo con señales de fatiga en atributos sensibles.

La comparación histórica agrega otra capa. A los 30 meses de mandato, el nivel de confianza de Milei quedó cerca del registrado por Mauricio Macri en el mismo tramo de su presidencia. La diferencia con Néstor Kirchner, en cambio, aparece mucho más amplia. Ese contraste ubica al Gobierno en una zona menos excepcional que la narrativa oficial.

El corte por edad muestra un dato delicado: la caída más pronunciada se dio entre personas de 30 a 49 años, con una baja de 11,3%. Es un segmento atravesado por empleo, consumo, familia, alquileres, crédito y presión cotidiana. Cuando ese grupo se corre, la discusión deja de ser solamente ideológica y entra en la economía doméstica.

El mapa territorial completa la señal. El Gran Buenos Aires quedó como la región de menor respaldo, la Ciudad de Buenos Aires mostró una mejora leve y el interior mantuvo niveles más altos de confianza. Para el oficialismo, esa distribución importa porque anticipa dónde puede sostener apoyo y dónde empieza a encontrar más resistencia.

La medición no define por sí sola el rumbo del Gobierno. Pero sí advierte un cambio de clima. El oficialismo todavía conserva identidad, agenda y capacidad de iniciativa. El problema aparece cuando la confianza baja justo en el casillero que mide resolución de problemas.

El desafío de Milei ya no pasa únicamente por explicar el rumbo. Pasa por demostrar resultados antes de que la contracción mensual se transforme en sentido común político.

 

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