En 10 segundos:
Qué pasó: investigadores de la UBA y el Conicet publicaron el primer mapa argentino sobre doble carga de malnutrición infantil
Qué cambia desde hoy: el problema deja de verse como un dato general y aparece localizado por territorio
A quién le pega: a niños menores de cinco años atendidos por el sistema público de salud
Qué mirar ahora: si los gobiernos usan la evidencia para diseñar políticas alimentarias más precisas
Buenos Aires, 28 de mayo de 2026. La malnutrición infantil en Argentina ya tiene un mapa más preciso. Y el resultado muestra algo más profundo que una crisis alimentaria: muestra una desigualdad que empieza antes de la escuela, se expresa en el cuerpo de los chicos y cambia según el lugar donde nacen.
La investigación fue elaborada por equipos de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, y publicada en la revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology. El trabajo analizó datos antropométricos de casi un millón de niños menores de cinco años atendidos en más de siete mil centros de salud públicos del país.
El foco estuvo puesto en la llamada “doble carga de la malnutrición”: la convivencia entre retraso en el crecimiento y sobrepeso. En términos concretos, chicos que pueden presentar baja talla para su edad y, al mismo tiempo, estar atravesados por dietas de mala calidad, alto contenido calórico y escaso valor nutricional.
El promedio nacional de retraso en el crecimiento fue del 11,4%, aunque en algunos departamentos superó el 50%. El sobrepeso infantil, en paralelo, alcanzó un promedio del 14,2%. La lectura territorial marca diferencias fuertes: el norte concentra mayores índices de baja talla, mientras que el sobrepeso aparece con mayor intensidad en zonas de la Patagonia y del centro del país.
El Área Metropolitana de Buenos Aires también expuso una brecha interna. En sectores centrales, el retraso en el crecimiento promedió 7,2%; en zonas periféricas llegó al 14,1%. Con el sobrepeso ocurrió algo parecido: pasó del 11,3% al 14,8% entre ambas áreas.
El dato más duro es político y sanitario a la vez. La pobreza alimentaria actual ya no se expresa únicamente como falta de comida. Muchas veces aparece como acceso a comida barata, abundante en calorías y pobre en nutrientes. Esa combinación deteriora crecimiento, salud y desarrollo desde los primeros años.
La utilidad del estudio está en su nivel de detalle. Al mostrar diferencias por departamentos y regiones, permite dejar atrás respuestas uniformes para problemas que cambian de forma según el territorio. La malnutrición infantil en el norte, en la Patagonia, en el conurbano o en el centro del país requiere diagnósticos y herramientas distintas.
El mapa no resuelve la crisis. Pero deja menos margen para la excusa. La información ya permite saber dónde están los focos críticos, qué tipo de malnutrición predomina y qué población depende más directamente de una intervención pública.
La pregunta queda del lado de la política: si esos datos van a convertirse en programas alimentarios, controles pediátricos, compras públicas y estrategias territoriales, o si quedarán como otra evidencia científica sobre una desigualdad que Argentina mira tarde.


