En 10 segundos:
Qué pasó: Los Sin Techo cuestionó que la baja estadística de pobreza infantil se vea en los barrios
Qué cambia desde hoy: la discusión pasa de los números nacionales a la vida concreta en Santa Fe
A quién le pega: a familias del Cordón Oeste, Alto Verde y sectores con indigencia creciente
Qué mirar ahora: si el Estado responde sobre alimentación, salud, vivienda y niñez
Santa Fe, 12 de junio de 2026. La pobreza tiene una forma de volverse visible antes que cualquier informe: aparece en la basura, en los comedores llenos, en los chicos que repiten el plato y en los ranchos que vuelven a levantarse apenas otros son erradicados.
Esa es la distancia que marcó Silvana Mana, directora de los jardines de infantes del Movimiento Los Sin Techo, frente al último dato de UNICEF, que ubicó la pobreza infantil en Argentina en el 42,3% durante el segundo semestre de 2025.
El número muestra una mejora respecto de 2024. En los barrios donde trabaja la institución, la escena va en otra dirección.
Mana habló de una pobreza que muchas veces queda afuera de la medición formal: familias sin ingresos estables, sin acceso sostenido a comida, salud, educación o vestimenta. En su descripción, el cuadro ya no remite solo a hogares ajustados. Remite a indigencia.
El indicador más duro aparece en la calle. Según relató, antes muchas familias lograban sostenerse con changas. Ahora se ven grupos enteros revolviendo residuos para encontrar algo que sirva. Esa imagen, que antes aparecía de manera aislada, empezó a repetirse con más frecuencia durante este semestre.
El mapa que trazó ubica los puntos más críticos en el Cordón Oeste, desde El Abasto hasta Centenario, y en Alto Verde. Allí, señaló, la vulnerabilidad alcanza a una parte muy grande de la población y se combina con problemas estructurales: centros de salud lejanos, turnos escasos, comedores barriales desbordados y viviendas cada vez más precarias.
En los jardines del Movimiento Los Sin Techo, el hambre se lee en una conducta sencilla. Los chicos comen dos platos. Las familias piden bolsones de mercadería, aunque la institución ya no cuenta con ese recurso. El voucher educativo, en los casos en que llega, queda en manos de las familias para cubrir necesidades urgentes como calzado o ropa.
La vivienda completa el deterioro. Mana advirtió que por cada grupo de ranchos erradicados aparecen nuevos asentamientos precarios, levantados con chapas, lonas y materiales de descarte. El ritmo de la necesidad supera la capacidad de respuesta.
El planteo deja una tensión incómoda para la política pública: una mejora estadística puede convivir con barrios donde el hambre, el hacinamiento y la falta de acceso básico se expanden en la vida diaria.
La pregunta que queda abierta es cuánto tarda el Estado en mirar esa zona donde los números nacionales ya no alcanzan para explicar lo que pasa.

