Sin Caló, la CGT apura la reunificación y es posible un triunvirato

Casi 30 gremios de peso enviaron un mensaje al próximo presidente y se reagrupan para 2016

Dispuestos a recuperar el protagonismo perdido durante la gestión de Cristina Kirchner e inquietos por el escenario económico tras el recambio presidencial, los jefes de casi 30 gremios que integran dos de las tres vertientes de la CGT avanzaron ayer a pasos agigantados en las negociaciones para reunificar a la central obrera a partir de 2016.

La futura CGT no estará liderada por Hugo Moyano, Antonio Caló ni Luis Barrionuevo, los referentes de las tres vertientes en las que está hoy fracturada. Tal vez se imite la estrategia de 2004: se acuerde un triunvirato, con un líder por cada sector, y al año siguiente se unifique el mando en una sola persona. Así lo deslizó ayer el estatal de UPCN Andrés Rodríguez en el primer piso del Hotel Castelar, la sede neutral que se eligió para avanzar en las negociaciones.

Moyano, que participó ayer de la cumbre sindical, dejará el sillón de mando de Azopardo 802 si él queda como garante de la unidad. Sería una salida auspiciosa ante el vacío de poder que le provocaron sus colegas hace tres años, cuando quisieron desbancarlo con la venia del Gobierno y conformaron la central oficialista, que encabeza hoy Caló.

De manera deliberada, Barrionuevo no asistió al encuentro de ayer, aunque sigue los entretelones de cerca y es una pieza clave en el ajedrez sindical. Se sumaría al final.

Caló también está al tanto de las charlas y dudó hasta último momento de mostrarse en público con Moyano por el efecto que esa foto pueda causar en la recta final de la campaña electoral, en la que la mayoría de los gremios se encolumnó detrás de Daniel Scioli. Caló, además, tiene otra preocupación: la imputación por lavado de dinero que pesa sobre él y la cúpula de la UOM.

Desde la primera charla a ayer se amplió la corporación gremial que impulsa la unidad de la CGT. Participaron del encuentro sindicalistas oficialistas, como Gerardo Martínez, José Luis Lingeri y Víctor Santa María, y otros opositores, como Moyano, Juan Carlos Schmid y Gerónimo Venegas. También estuvieron «los Gordos» (representantes de los grandes gremios) y adhirieron independientes, como La Bancaria, de Sergio Palazzo. Esta vez no fue una selfie tomada desde un teléfono celular. La imagen de una virtual unidad quedó escenificada ayer con una mesa extensa, en la que estratégicamente se dejaron de lado las diferencias y las históricas peleas personales.

Hubo coincidencias en la necesidad de unirse para recuperar el poder institucional de la CGT. En esa línea fue el documento común que se elaboró, en el que se advierte al sucesor de Cristina Kirchner sobre la necesidad de «sostener y afianzar» el modelo sindical vigente, las paritarias libres, y «asegurar» el financiamiento de las obras sociales, entre otras demandas.

Moyano y Omar Maturano proyectaron un escenario de ajuste y devaluación. «No queremos ser nosotros los que paguemos los platos rotos», interrumpió otro dirigente. Gerardo Martínez pidió «consensuar en el disenso y no empujar a nadie» a que se sume a la iniciativa. Fue un mensaje para Caló y Omar Viviani, otro de los ausentes. La negociación por la unidad de la CGT es, en definitiva, otra postal del fin de ciclo kirchnerista.

 

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