Madre e hijo pasaron anoche difíciles momentos a manos de un grupo de delincuentes, que los atacó en barrio Guadalupe. De los rufianes se supo que eran tres muchachos jóvenes (de entre 20 a 25 años), uno de los cuales estaba armado con una pistola. Todos cubrían sus rostros con los gorros y las capuchas de buzos deportivos y se movilizaban a bordo de un automóvil.
La secuencia se inició minutos antes de las 23, cuando un joven, de 18 años, arribó a su domicilio en 12 de Infantería al 1100, y mientras su madre le abría la puerta aparecieron en escena estos sujetos. Con gran velocidad los desconocidos se lanzaron contra sus víctimas a quienes bajo amenazas y a los empujones, obligaron a introducirse dentro del inmueble.
Una vez allí, los maleantes procedieron a “levantar” electrodomésticos y otros objetos de valor, mientras los moradores eran apartados hacia otras dependencias.
“Nos atropellaron”
“Nos atropellaron, nos empujaron y nos hicieron entrar a la casa”, recordó hoy Ángela Bugliolo (66), en diálogo con El Litoral.
“Anoche venía mi hijo de la casa de un amigo, a las 22.45, cuando pasó todo. Yo le estaba abriendo la puerta, cuando veo que para un auto en la puerta de mi casa. Se bajan tres ‘muchachones’. Tenían los rostros cubiertos con las capuchas de los buzos y con gorras. “Nos atropellaron, nos empujaron y nos hicieron entrar a la casa. Empezaron a sacar el televisor, un equipo de música, el microondas, la computadora, el teléfono celular de mi hijo, en fin… de todo se llevaron. “Mientras ellos robaban yo estaba hablando desde mi pieza al 911 para que venieran. Pero la chica me decía ‘no se escucha señora…’.
“Después entró uno de estos tipos y me dijo ‘dale vieja… dame la plata que tenés, porque nosotros sabemos que tenés plata’. Yo les contesté ‘¡qué voy a tener plata… si soy una jubilada!’. Mi hijo se quiso resistir, pero yo lo paré porque le advertí que estaban armados. “Cuando escuché que se cerró la puerta de calle, me di cuenta de que los tipos se habían ido. Entonces como yo siempre tengo un celular en el bolsillo, comencé otra vez a llamar al 911. La chica me decía ‘no la escuchaba’. “La policía se portó muy bien porque vinieron rápido. Yo les conté todo lo que había pasado”.



