En una secuela inesperada del escándalo que envuelve a la vicepresidenta, la mujer «lloraba todos los días», según revelaron desde el entorno de la imputada.
No solo sus propias contradicciones y las de su novio Juan Tonelli complican a Gabriela Michetti en la causa que la compromete por el origen del dinero en efectivo que ocultaba en su casa y que le fue robado en noviembre del año pasado. También se sumó el testimonio de la empleada doméstica, Norma Elizabeth Rojas Sánchez, quien aseguró que era una práctica común en el domicilio de la vicepresidenta guardar fajos de billetes en sobres, bolsas o pañuelos.
Según publicó la revista Noticias, fuentes cercanas a Michetti comentaron a ese medio que, luego de que tomara estado público su declaración, la mujer cayó en un estado de crisis y depresión que obligó a su empleadora a otorgarle una licencia. «Lloraba todos los días», graficaron.
Sin la intención de perjudicarla, la empleada doméstica declaró ante la policía luego del robo y reveló que Michetti le ordenaba frecuentemente guardar dinero en efectivo en distintas partes de la casa. Eso agravó su situación, ya que no solo resultó que no puede explicar el origen del efectivo que le robaron, sino que se puso en evidencia que puede existir más dinero no declarado.
La declaración de Norma Elizabeth Rojas Sánchez, junto a otros testimonios y evidencias, sirvió para que los denunciantes avanzaran sobre la fundación SUMA, que encabeza la vicepresidenta, y complicaran su situación en la causa que instruye el fiscal Guillermo Marijuan y se tramita en el juzgado federal de Sebastián Casanello.



