Alberto Fernández designó a Beliz para ser el articulador con la CGT y activar un centro de capacitación laboral más moderno

El Sindicato de Empleados de Comercio, el más numeroso del país, perdió 62.000 puestos de trabajo en 18 meses, según un relevamiento interno. «La mitad fue por la crisis, por el cierre de pymes, pero la otra mitad fue por el avance tecnológico», argumenta un jerárquico del gremio que Armando Cavalieri tiene en puño desde 1986.

Las nuevas tecnologías, o la inteligencia artificial, como le llaman ahora, son la gran amenaza a los sindicatos tradicionales. Como afectó a Comercio, también impacta de lleno en otras actividades, desde bancarios a transportistas. Para detener la hemorragia, Cavalieri pactó un plan de reducción de aportes patronales con empresas de electrodomésticos y evalúa imitarlo con las grandes cadenas de supermercados. Cambiaron los hábitos: cada vez más gente hace las compras de manera digital.

Preparado para su regreso a la actividad privada, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, sigue de cerca el proceso y vislumbra que los empleos que se pierden en un sector se recuperarían en el mediano plazo en la cada vez más aceitada cadena de logística que requiere el comercio digital. Es la raíz de la tensa disputa que mantiene retórica y judicialmente Hugo Moyano con Sica y Marcos Galperin, el cerebro de Mercado Libre.

Más combativo que Cavalieri y esquivo para negociar una eventual rebaja de aportes, el bancario Sergio Palazzo redobla la apuesta con protestas por la representación de unos 5000 trabajadores que se desempeñarían en el sistema financiero tecnológico ( fintech) y que considera que deberían estar encuadrados en su gremio. Su disputa, como la de Moyano, también es con Galperin, por la aplicación Mercado Pago. Aunque su conflicto más urgente es ahora por el riesgo de cierre de sucursales del HSBC en cinco provincias. «El home banking permite manejar la cuenta bancaria desde cualquier lugar y las sucursales bancarias paulatinamente se transforman en centros virtuales totalmente automatizados sin presencia humana», escribió el abogado laboralista Julián De Diego en El Cronista. Algo de eso habría detrás del ajuste en HSBC, a pesar de que desde el gremio sospechan que se trataría de un intento de las autoridades en condicionar una negociación con el futuro gobierno.

En este contexto, no fue para nada casual el mensaje que Alberto Fernández les bajó a los gremios hace ocho días en la CGT. Exhortó a los jefes sindicales a montar en la histórica sede de Azopardo un centro de educación tecnológica para capacitar a los trabajadores. Simbolismo puro.

Tampoco fue casual que el presidente electo haya sentado en la primera fila de la CGT a Gustavo Beliz, a quien se lo vio conversar animadamente con Moyano. El exministro de Justicia, que está dispuesto a regresar a la función pública tras un autoexilio de 15 años, es un estudioso de los cambios en el mundo laboral y disertó sobre el tema en el Vaticano, tal como lo contó el periodista Pablo Maradei en el sitio www.mundogremial.com. «Debemos ser conscientes de que hay un calentamiento global tecnológico sobre nosotros», dijo Beliz el mes pasado durante el seminario «Dignidad y el futuro del trabajo», organizado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales que dirige el monseñor argentino Marcelo Sánchez Sorondo.

Si bien Claudio Moroni será el futuro ministro de Trabajo, Héctor Daer, uno de los dos jefes de la CGT, reconoció que Beliz será uno de los articuladores con los gremios sobre el desarrollo tecnológico. «Tiene una idea revolucionaria», lo elogió el líder sindical. Y dejó una advertencia, destinada más a los empresarios que a la futura gestión: «La tecnología no puede ser utilizada para multiplicar riquezas en detrimento de los trabajadores y para precarizarlos».

En su viaje a México, Alberto Fernández visitó una sede de la empresa de software Globant, fundada por el argentino Martín Migoya, uno de los impulsores del chat de empresarios «Nuestra Voz» y quien apoyó abiertamente la reelección de Mauricio Macri, como Galperin.

En el Distrito Federal, donde Globant emplea a unas 1200 personas, Fernández escuchó los avances sobre una aplicación (app) de YPF que funciona en la Argentina como una suerte de billetera electrónica, en la que se centralizan pagos, descuentos y beneficios, y que ya cuenta con 300.000 usuarios. La app no reemplaza al playero de la estación de servicio ni tampoco es su finalidad. Su puesta en marcha generó empleo genuino, aunque en compañías o actividades en las que la sindicalización es mínima.

Así nació el interés de Moyano en poner un pie en las multinacionales dedicadas a la industria del software al apadrinar en 2012 el surgimiento de la Unión Informática (UI), un gremio que cuenta con la simple inscripción y que se forjó a partir de un conflicto en IBM. La UI tiene hoy 1000 afiliados y ubicó delegados propios en casi todos los gigantes del software radicados en el país. No logró aún penetrar en Mercado Libre, en cuya planta de logística manda la Unión de Carga y Descarga a partir de un retoque a medida del convenio colectivo, cuya reforma fue habilitada por Sica y objetada por Moyano.

Tarde o temprano, Alberto Fernández deberá mediar en la pulseada entre Moyano y Galperin por el encuadramiento en los centros de logística. El presidente electo ya fijó una postura: «Lo que sea por vía convencional es una decisión de las empresas y los trabajadores. Lo que no quiero es poner reglas generales de flexibilización», sentó posición sobre lo que él llama la «uberización» de las relaciones laborales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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