Esperanza: El cierre de una época de película

Néstor y Ana en su aporte al sueño colectivo

Treinta y un años han pasado. Cuando Néstor Estrubia y Ana Dumas se animaron a soñar una película nueva.

Llegaba a la Argentina el video club. El cine en cajitas o el cine en la casa. De la mano de la tecnología, un filme salía de su ámbito natural y se instalaba en casa.

El ya famoso fotógrafo esperancino Néstor Estrubia y su esposa en junio de 1985. A dos años de la recuperada democracia- a pesar que la economía era incierta y el cielo solía estar oscuro y cargado de nubes amenazantes- dijeron: vamos a darle a la gente Esperanza video Club, a puro coraje y esperanza.

Era todavía el tiempo de la película Súper 8 y del proyector, alquilable.

La gente filmaba cumpleaños de 15, casamientos, nacimientos, lo más íntimo y querido y se hacía película de 15 minutos.

Hasta que legó la revolución del VHS y la cajita con cine llegó al living comedor.

Néstor y Ana lo recuerdan con mucha emoción que se les ve en los ojos.

Todos recuerdan la romería que se armaba para alquiler películas, cuando no la video casetera incluida en el casa de fotografía que sumaba el video en calle Sarmiento, frente a la Plaza San Martín. Florecían los clientes como la primavera y a pesar que Néstor y Ana siempre brindaron lo legal y la mejor calidad, nunca alcanza y había que estar bien temprano, porque ya a la tarde se alquilaba «lo que quedaba».

Fueron 11 mil títulos y unas 30 mil películas que nunca fallaban y la familia era una fiesta ese viernes, sábado o domingo a la noche especialmente.

«La Dama del Autobús», la brillante película brasilera y Flashdance, la norteamericana  eterna, fueron las dos primeras en ser compradas y luego alquiladas como títulos.

Todo ello hasta el año 2000 cuando apareció el DVD. El disco que trajo como novedad a Corazón Valiente, de Disney y El Postino, una impecable película sobre la vida de Pablo Neruda, aquel inmortal poeta chileno.

Y después, con la excelencia de la calidad de siempre, fueron  8 mil títulos de películas y muchos miles más de  filmes en DVD.

Hasta lo más moderno que es el Blue Ray.

Ellos, en estos dos meses vendieron por 30 pesos las películas y por 100 pesos los Blue Ray- una película cuesta en el mercado 380 pesos y en Blue 700 pesos- para que la gente se quede con su souvenir de aquella Belle Epoque.

«Son 31 años de evolución. Desde que nacimos como video Club en calle Sarmiento frente a la plaza, hasta donde estuvimos hasta hoy- Sarmiento frente al Centro Cultural Municipal- y ya no hay modo de competencia» nos cuentan.

«Es el avance de la tecnología el que se ha llevado el negocio. No hay nada qué hacer» nos confiesan, mientras construyen el último domingo con la gente que de forma constante sale y entra del local. Están todos. El abuelo, el padre, el hijo, los amigos, todos los clientes.

Se fueron cayendo de a uno en estos días los más grandes video clubes del país como el de Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe… «Hay que saber adaptarse» dicen con resignación esperanzada.

«Es una feliz nostalgia» crea Néstor como frase para comprender el momento y Ana habla de los extraordinarios empleados que formaron parte de la «familia» del Video Club. También dice que quiere disfrutar más de la catequesis que brinda, de estudiar idiomas, ocuparse de sí y de completar deseos que merecen ser cumplidos para fortalecer su libertad y su persona. Ambos expresan su eterna gratitud a miles de clientes que pasaron por el Video en 31 años.

Los que lo tomaron como un paseo del fin de semana, incluso quedándose a tomar un café y charlar de tantos temas de la vida.

Incluso gente de instituciones, iglesias, escuelas que iban a buscar películas específicas en su sección por ejemplo, de Derechos Humanos, racismo, segunda guerra mundial, temáticas específicas que Ana personalmente se  encargaba de estructurar como oferta en filmes determinados.

«Hay gente que entraba de la mano con su papá y jugaba con sus amiguitos a esconderse entre los stand de películas. Hoy son adultos y traen sus hijos y nos dicen con cariño lo que les significaba el venir al Video de la mano de papá o de mamá» nos dicen en el marco de un anecdotario tan rico que ni en mil vidas podrán contar ni resumir.

Se nos fue al cielo de la añoranza el cine en cajita. Casi de manera mágica. Y es en el mismo tiempo cuando retorna a la vida con enorme fuerza el cine otra vez en Esperanza; otra pasión especialmente de Néstor quien con la generosidad de siempre destaca su alegría por tenerlo con vida de nuevo en la ciudad. Además señala la calidad del equipamiento y del servicio de cine recientemente inaugurado por otro empresario soñador e inversor.

Mientras la noche dice que es medianoche, deberían salir todas las brujas. Nada de eso. En el video de Néstor y Ana, tan feliz y mágico para el sueño y la vida colectiva de los esperancinos, vuelan ángeles y hadas.

Es que en el corazón de los recuerdos, desde hoy lunes, jamás ha de morir  esa estrella que iluminó el cine y  el alma por 31 años.

 

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