El Instituto Internacional de Finanzas bajó un punto su previsión de crecimiento. Alertan por el déficit.
El diagnóstico es tan simple como contradictorio: El Gobierno ha decidido postergar para después de las elecciones de octubre del año próximo el necesario ajuste del déficit fiscal, apostando un triunfo que le otorgue el poder político necesario. El problema es que el análisis actualizado de la situación macroeconómica indica que en el mejor de los casos la Argentina crecerá el año próximo un 1,8% del PBI, contra una caída prevista para el 2016 del 2,4% del PBI. Es decir ni siquiera se recuperará lo perdido, lo que hace prever un registro muy acotado de bonanza.
Esas son las previsiones del trabajo del Instituto Internacional de Finanzas (IIF, por sus siglas en inglés), que firma el economista Ramón Aracena y que fue difundido este viernes. El estudio analiza el primer año de política económica de Macri y proyecta para el 2017 una baja abrupta de la inflación, acompañada de un muy modesto crecimiento: De hecho, el IIF acaba de ajustar a la baja su proyección para Argentina que pasó del 2,8 al 1,8 por ciento.
Casi el único indicador macro positivo que prevé el estudio es la reducción de la infalción, que estima que este año terminará en un 37,4% y el año próximo rondaría el 20,6%, bastante cerca del 17% que estimó el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay. Mérito que sin embargo el trabjo pone en cabeza del Banco Central que preside Federico Sturzenegger, por su política de tasas altas.
En cambio el trabajo sostiene que el problema central de la economía es el déficit, que estima terminará este año en un altísimo 4,8% del PBI; además de subrayar que por las restricciones “políticas y sociales” el gobierno de Macri decidió ablandar el ajuste del año próximo y conformarse con terminar el 2017 con un 4,2% de déficit en lugar del 3,3% que había prometido inicialmente Prat Gay.
El estudio también advierte sobre el crecimiento de la deuda externa que pasó del 27,1% del PBI heredado de Cristina Kirchner a un estimado 35,5% al final de este año. Deuda que trepa al 46,6% del PBI cuando se le agrega todo lo que se tomó internamente.
El trabajo advierte sin embargo que la presidencia de Trump podría encarecer el costo del endeudamiento –de hecho ya lo hizo- y esto pondría bajo un fuerte estrés la idea de la gradualidad, forzando al Gobierno a realizar “un ajuste fiscal más urgente”. Por el lado positivo, indica el trabajo que en caso de lanzar un programa de ajuste fiscal más agresivo, Macri acaso podría eludir el riesgo de un cambio -negativo se entiende-, en las expectativas del mercado sobre su administración.



