La escena en la histórica sede de Matheu 130 evocó otros tiempos de crisis, pero también de reconstrucción. Con el fallo firme de la Corte Suprema que condena a seis años de prisión a Cristina Fernández de Kirchner aún fresco, el Consejo Nacional del Partido Justicialista volvió a reunirse —esta vez con sus principales referentes presentes y un objetivo claro: trazar una hoja de ruta política ante lo que consideran un golpe institucional sin precedentes.
La cumbre tuvo más de relanzamiento que de catarsis. Sergio Massa, Juan Grabois y Máximo Kirchner compartieron mesa con senadores, intendentes, dirigentes sociales y sindicalistas. A diferencia de otras ocasiones, la convocatoria fue amplia, transversal y con una consigna que atraviesa las diferencias internas: defender a la ex presidenta, articular una respuesta política contundente y evitar que el peronismo se diluya ante el avance del oficialismo libertario.
“Si Cristina tiene que ir a Comodoro Py, no irá sola. Vamos a llenar las calles”, anticipó la senadora Anabel Fernández Sagasti al salir del encuentro. La frase no fue un arrebato: fue un anticipo de la estrategia que se empieza a delinear. Habrá movilizaciones, sí. Pero también reuniones con gobernadores, encuentros con la CGT y una convocatoria ampliada que aspira a volver a ordenar al movimiento en torno a un nuevo eje de resistencia.
Lo que parecía un cónclave cerrado del Consejo Nacional del PJ mutó en una demostración de fuerza simbólica: Wado de Pedro, José Mayans, Lucía Corpacci, Carlos Heller, Agustina Propato, Máximo Kirchner, Cecilia Moreau y Paula Penacca, entre muchos otros, dieron el presente para mostrar que la maquinaria justicialista —desgastada, desorientada, pero nunca vencida— comienza a ponerse en marcha.
El tono general del encuentro no fue únicamente defensivo. La palabra “resistencia” convivió con otra, más táctica: “reorganización”. En voz baja, varios asistentes admitieron que la condena a Cristina funcionó como un catalizador. Y que, más allá de las diferencias con el liderazgo de la ex presidenta, la situación requiere una respuesta común. “Esto no se trata solo de Cristina, se trata de una idea de país que está en juego”, deslizó uno de los presentes.
Con el fantasma de 2005 y el ADN de 2017, el PJ empieza a ensayar una nueva narrativa: la de una fuerza política que, golpeada pero con estructura, se planta frente al poder judicial y el avance del oficialismo. En la memoria reciente pesa la experiencia del 2001, pero también la capacidad que ha tenido el peronismo de rehacerse desde sus crisis más profundas.
La pregunta que flota es si el peronismo volverá a ser un movimiento de mayorías o si quedará encapsulado en la épica de la resistencia. La marcha prevista para la próxima semana será una primera respuesta. Pero la clave, admiten sus dirigentes, será otra: cómo transformar el descontento en alternativa política.
En Matheu volvió a respirarse peronismo. Y también algo más: la certeza de que, para sobrevivir como actor central, deberán volver a escribir un proyecto que combine memoria, calle y futuro.


