Los investigadores explicaron que los procesos fotosensibilizados como el descripto son responsables de los daños que la radiación electromagnética causa en los organismos vivos y que conducen a problemas médicos tales como fotoalergia o fototoxicidad, es decir hipersensibilidad, irritación y otras reacciones inmunológicas, o distintos tipos de cáncer de piel. “Se trata de procesos que, de una u otra forma, derivan en la muerte celular. El ejemplo más claro en este caso es la acción que se produce sobre la tirosinasa, una de las enzimas que participan de la síntesis de melanina, el pigmento natural que da el color a la piel y el pelo y que nos protege de los efectos de la radiación del sol. Una vez que esa función se altera o desaparece, el cuerpo pierde esa protección natural, y de ahí todos los daños que se puedan producir”, apunta Vignoni. De hecho, el estudio científico demuestra que las alteraciones químicas que sufren las moléculas analizadas son comparables a las provocadas por la radiación solar que alcanza la superficie del suelo platense en un día de primavera al mediodía.

“Consideramos importante que estos dispositivos informen acerca de los efectos perjudiciales que puede provocar su uso no controlado, y que también se recomiende la implementación de medidas preventivas como la colocación de un protector solar o guantes que eviten la exposición innecesaria de ciertas regiones de la mano. De esta manera, las personas podrían decidir bajo su propia responsabilidad, pero con información, el uso que quieren darle”, concluyeron.