En 10 segundos:
Qué pasó: la avenida Juan B. Justo muestra un nivel creciente de persianas bajas y liquidaciones por cierre.
Qué cambia desde hoy: uno de los corredores comerciales históricos de Mar del Plata empieza a perder densidad económica.
A quién le pega: a comerciantes textiles, trabajadores, fabricantes locales, vecinos y al circuito turístico de compras.
Qué mirar ahora: si la temporada baja profundiza el deterioro o si aparecen medidas para sostener el corredor.
Mar del Plata, 18 de mayo de 2026. Durante años, caminar por Juan B. Justo era una forma de entrar a una Mar del Plata hecha de lana, vidrieras encendidas y producción local. Hoy, el recorrido muestra otra cosa: persianas cerradas, carteles de alquiler, liquidaciones permanentes y cuadras donde el movimiento comercial perdió pulso.
La llamada avenida del pulóver atraviesa una de sus etapas más delicadas. El corredor que durante décadas funcionó como paseo turístico, vidriera textil y punto de venta mayorista enfrenta una combinación difícil: consumo retraído, costos fijos altos, menor circulación, inseguridad y un rubro textil golpeado por importaciones, precios relativos y pérdida de poder de compra.
El dato más fuerte aparece en el relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción. Sobre 2442 comercios analizados en distintos corredores de Mar del Plata, Juan B. Justo y 12 de Octubre registran casi 15 por ciento de locales cerrados, muy por encima del promedio general de la ciudad, ubicado en 7,8 por ciento.
La cifra confirma algo que los comerciantes ya ven desde la vereda. Muchos locales que cierran permanecen vacíos. Otros trabajan con horarios reducidos, promociones continuas o esquemas mínimos para atravesar los meses de menor movimiento. El problema dejó de ser una mala temporada y empezó a parecerse a una pérdida de estructura.
La crisis golpea con especial fuerza al tejido, una marca histórica de la ciudad. Ni siquiera la llegada del frío alcanzó para empujar ventas en un rubro que solía encontrar en otoño e invierno una ventana natural de recuperación. Comerciantes del sector hablan de caídas que van del 16 por ciento en prendas vendidas durante enero hasta desplomes cercanos al 50 o 60 por ciento en algunos locales.
La inseguridad agrega otro deterioro. En zonas cercanas al Puerto y sobre calles laterales, los relatos se repiten: menos gente después de la tarde, robos frecuentes y sensación de abandono. Cuando baja la circulación, el comercio pierde ventas; cuando baja la seguridad, pierde permanencia. Esa doble presión acelera decisiones de cierre.
El cuadro se agrava por el impacto de la pesca en la economía marplatense. Barcos parados, baja rentabilidad y conflictos laborales reducen el consumo de familias que históricamente alimentaron parte del circuito comercial de 12 de Octubre, Talcahuano y los alrededores del Puerto. La crisis de una actividad arrastra a otra.
Juan B. Justo concentra entonces una señal más amplia. La caída del consumo explica una parte, pero la postal actual habla de algo mayor: corredores tradicionales que pierden identidad cuando dejan de atraer turistas, vecinos y compradores habituales al mismo tiempo.
Para Mar del Plata, el riesgo excede la cantidad de locales cerrados. La avenida del pulóver fue durante décadas una marca urbana, una referencia productiva y una pieza del relato turístico de la ciudad. Si ese corredor se apaga, Mar del Plata pierde una parte concreta de su economía y una parte reconocible de su memoria comercial.


