La inflación baja, pero las góndolas no lo saben: en Argentina, el consumo sigue cayendo pese a los buenos números del Indec

La inflación en Argentina bajó al 1,5% en mayo, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Es la cifra más baja registrada en cinco años y un dato que, en cualquier otro país, sería sinónimo de alivio económico. Pero en las góndolas de los supermercados y en los hogares argentinos, la sensación es otra: el consumo sigue cayendo y los precios no aflojan.

Cristian Villar, propietario de un supermercado mayorista de Santa Fe, lo resume con claridad: “El número de inflación puede ser bajo, pero las empresas no están trasladando esa baja al precio de los productos. El consumo está frenado porque la gente simplemente no puede comprar”.

El relato de Villar refleja una tensión persistente en la economía argentina: mientras los indicadores macroeconómicos —como la desaceleración de la inflación— muestran mejoras, la microeconomía permanece estancada. El poder adquisitivo de los consumidores sigue resentido por la pérdida acumulada de ingresos reales, y la recuperación del consumo masivo aún no llega.

Según datos recientes, el consumo masivo cayó 3,2% en mayo, a pesar del contexto favorable en términos inflacionarios. Ni siquiera el “Hot Sale”, un evento promocional clave en el comercio digital y físico, logró revertir la tendencia.

“Los comercios hacemos un esfuerzo enorme para sostener algo de ventas, pero la reactivación no aparece. No solo en alimentos, sino en todos los rubros. La gente sigue comprando menos”, agregó el empresario.

El gobierno nacional, por su parte, celebra el éxito en la estabilización macroeconómica. Las reservas del Banco Central se han fortalecido y los mercados responden con cautela positiva. Pero en el plano doméstico, la desconexión entre estabilidad macro y mejora real en la vida cotidiana genera escepticismo.

La promesa de que la baja de la inflación traería alivio directo al bolsillo aún no se cumple. Los precios no bajan, los salarios no suben al ritmo esperado, y la reactivación parece seguir postergada. La calma estadística, por ahora, no se traduce en un mejor pasar para la mayoría.

Mientras tanto, comerciantes como Villar y millones de consumidores esperan algo más que buenas noticias en los informes oficiales: esperan sentir, en su mesa y en su negocio, que la economía efectivamente empezó a cambiar.

 

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