La morosidad avanza en empresas y golpea a las pymes: el crédito deja de ser sostén y pasa a ser tensión

En 10 segundos:
Qué pasó: crece la morosidad en el crédito comercial y se acelera en pymes
Qué cambia desde hoy: el financiamiento deja de expandirse y empieza a restringirse
A quién le pega: a pequeñas y medianas empresas y a la cadena de pagos
Qué mirar ahora: si el sistema financiero endurece condiciones y profundiza el freno

Argentina, 19 de marzo de 2026.
La señal es clara, aunque todavía no sea dominante en los números generales.

La mora empresarial empezó a moverse. Y cuando lo hace, no es un dato aislado: es síntoma.

En diciembre de 2025, la irregularidad en créditos comerciales alcanzó el 2,7%. Sigue siendo baja en términos históricos, pero el salto respecto al año anterior —cuando apenas rozaba el 0,8%— marca un cambio de ritmo. Ya no es estabilidad. Es tensión en construcción.

El punto crítico no está en el promedio, sino en cómo se distribuye.

El sistema financiero argentino sigue altamente concentrado: una porción mínima de grandes compañías absorbe casi la mitad del crédito disponible. Ese grupo mantiene niveles de mora prácticamente irrelevantes. Tiene espalda, acceso a financiamiento alternativo y capacidad de ordenar liquidez.

El problema está en el resto.

Las pymes —que concentran casi todo el entramado productivo— ya muestran una morosidad del 4%. Ahí el crédito no financia expansión: sostiene operación. Y cuando la caja no alcanza, la cadena se corta por donde puede.

Ese desbalance no es nuevo, pero ahora se vuelve más visible. Los números agregados empiezan a perder capacidad de ocultarlo.

El mapa sectorial refuerza esa lectura.

La construcción aparece como el frente más comprometido, atravesado por la paralización de obra y el encarecimiento sostenido de costos. El comercio minorista sigue el mismo camino, con ventas que no logran recomponerse y márgenes cada vez más finos.

En el otro extremo, agro y energía funcionan como amortiguadores. No por fortaleza estructural del sistema, sino porque operan con otra lógica de ingresos. Sin esos sectores, la foto sería más inestable.

El cambio más relevante es el ritmo.

Durante más de un año, la mora creció de forma lenta. En la segunda mitad de 2025, esa dinámica se aceleró. Y eso introduce otro problema: cuando la mora sube más rápido que la actividad, el crédito deja de expandirse.

Ahí aparece el círculo que condiciona todo.

Más mora implica mayor cautela bancaria. Más cautela implica menos crédito. Y menos crédito reduce la capacidad de las empresas para sostenerse.

No es un colapso. Es una contracción progresiva.

Las advertencias externas empiezan a alinearse con esa lectura. El foco ya no está solo en la solvencia de los bancos, sino en la calidad de sus activos. La preocupación no es inmediata, pero sí persistente: si no aparece un motor económico claro, el deterioro puede extenderse durante todo 2026.

El problema, en el fondo, es más simple.

Sin crecimiento, no hay generación de caja. Y sin caja, el crédito deja de ser una herramienta y pasa a ser una carga.

Ese desplazamiento es el que empieza a verse.

Y cuando eso ocurre en las pymes, no queda encapsulado. Se traslada. A proveedores, a empleo, a consumo.

La mora empresarial todavía no domina la escena.

Pero ya dejó de ser un dato menor.

Empieza a marcar el límite.

 

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