En 10 segundos:
Qué pasó: referentes opositores mantienen conversaciones para construir una coalición electoral frente al gobierno de Javier Milei.
Qué cambia desde hoy: la discusión gira alrededor de una posible gran interna opositora que defina liderazgos.
A quién le pega: al peronismo, a sectores del radicalismo y a espacios que buscan una alternativa al oficialismo.
Qué mirar ahora: el posicionamiento de Axel Kicillof, el rol político de Cristina Kirchner y la continuidad de las PASO.
Buenos Aires, 7 de marzo de 2026.
En distintos despachos del Congreso, gobernaciones provinciales y oficinas políticas del interior del país se repite una misma escena: dirigentes opositores que vuelven a hablar entre sí después de años de fragmentación.
La conversación gira alrededor de una pregunta central: cómo construir una alternativa electoral capaz de enfrentar al gobierno de Javier Milei en los próximos comicios presidenciales.
El peronismo aparece como el eje inevitable de ese armado. Pero el desafío consiste en ampliarlo hacia sectores que hoy se ubican fuera del kirchnerismo tradicional.
Un dirigente con larga trayectoria en la política nacional sintetizó el momento con una frase que circula entre varios espacios opositores: cuando no hay candidatos claros, aparecen grupos que empiezan a moverse, escuchar y explorar acuerdos.
Ese clima de exploración tiene varios nombres propios sobre la mesa.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof es, por ahora, el único dirigente del peronismo que ha mostrado intención de competir por la presidencia. Sin embargo, su liderazgo todavía genera dudas en parte del arco opositor.
Algunos gobernadores, intendentes y legisladores creen que el mandatario provincial aún no dio señales claras de querer proyectarse a nivel nacional. La demora en recorrer el interior del país y la falta de definiciones políticas más contundentes alimentan esa incertidumbre.
Dentro del propio espacio que conduce el gobernador —el Movimiento Derecho al Futuro— existe presión para que acelere ese proceso de posicionamiento.
En La Plata sostienen que Kicillof tiene potencial para crecer en el electorado del centro del país, donde el kirchnerismo arrastra resistencias históricas. Para lograrlo, consideran necesario instalar una agenda más vinculada a los problemas del interior productivo.
Mientras ese debate se desarrolla, otra discusión atraviesa a todo el arco opositor: el lugar que debe ocupar Cristina Kirchner.
La posibilidad de construir una propuesta electoral sin el kirchnerismo quedó prácticamente descartada entre los dirigentes que participan de las conversaciones. La lectura compartida es que el peso electoral del espacio, especialmente en el conurbano bonaerense, vuelve inviable cualquier estrategia que lo excluya.
La discusión entonces no gira sobre si el kirchnerismo debe participar, sino sobre qué rol debería desempeñar.
En distintos sectores opositores aparece una expectativa común: que Cristina Kirchner actúe como articuladora política sin monopolizar la escena pública.
Esa hipótesis supone un liderazgo más discreto, orientado a facilitar acuerdos entre sectores diversos del peronismo y de otras fuerzas políticas.
Las limitaciones judiciales que enfrenta la ex presidenta y su imposibilidad de competir electoralmente también condicionan ese escenario.
Aun así, su influencia política sigue siendo determinante en el entramado del peronismo.
Uno de los encuentros que reflejó ese proceso fue la reunión reciente entre Cristina Kirchner y el dirigente Miguel Pichetto, una señal de diálogo entre espacios que en el pasado reciente se encontraban enfrentados.
Ese acercamiento se complementa con conversaciones que involucran a dirigentes como Sergio Massa, Guillermo Michel, Victoria Tolosa Paz, Emilio Monzó, Nicolás Massot o Ricardo Quintela, entre otros.
El objetivo que aparece en esas conversaciones es construir una coalición amplia que reúna desde el kirchnerismo hasta sectores del radicalismo más críticos del gobierno de Milei.
La idea central que circula entre varios dirigentes es resolver las diferencias a través de una gran elección primaria.
Una PASO opositora permitiría ordenar liderazgos mediante el voto y luego presentar un frente unificado frente al oficialismo en las elecciones generales.
Por esa razón, la eventual eliminación de las PASO —una posibilidad que analiza el gobierno nacional— se convirtió en un punto de preocupación dentro del armado opositor.
Para muchos dirigentes, ese mecanismo representa la herramienta más viable para resolver la competencia interna sin fracturar la coalición.
Mientras tanto, la construcción política continúa en una etapa inicial.
Reuniones reservadas, proyectos legislativos compartidos y diálogos entre dirigentes de distintos espacios empiezan a delinear un mapa político que todavía está lejos de definiciones concretas.
En ese escenario, la oposición atraviesa una fase de reorganización donde conviven liderazgos en disputa, estrategias divergentes y una convicción común: la necesidad de construir un espacio lo suficientemente amplio como para competir con el oficialismo.


