En 10 segundos:
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Qué pasó: Barrionuevo encabezó el Encuentro de Dirigentes Sindicales 2026 en Mar del Plata.
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Qué cambia desde hoy: el sindicalismo ordena discurso y calendario frente a la reforma laboral.
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A quién le pega: trabajadores registrados, convenios colectivos y conducción de la CGT.
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Qué mirar ahora: documento final, señales de unidad y eventual escalamiento del conflicto.
Mar del Plata, 23 de enero de 2026.
El tradicional cónclave sindical de verano volvió a funcionar como termómetro político. Convocado por Luis Barrionuevo, el Encuentro de Dirigentes Sindicales 2026 reunió este viernes a alrededor de 400 referentes gremiales aliados para discutir la coyuntura económica y, sobre todo, la reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional. El mensaje buscó ser doble: cohesión interna y advertencia pública.
La jornada se desarrolló desde la mañana en el Hotel Presidente Perón, perteneciente a la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos. Allí, los paneles se organizaron con un eje claro. Primero, el análisis del proyecto laboral y su impacto sobre convenios, estabilidad del empleo y rol de las organizaciones sindicales. Luego, un diagnóstico de la situación económica, con foco en actividad y salarios.
Barrionuevo llegó al encuentro con definiciones previas que marcaron el tono. Sostuvo que la CGT “accionará” cuando sea necesario y deslizó que la reforma “no va a salir”. El planteo no fue de inmediatez sino de tiempos. Según el dirigente, los equipos técnicos de la central están trabajando y el movimiento obrero debe elegir el momento para intervenir sin precipitarse.
El posicionamiento incluyó una lectura política. Barrionuevo afirmó que el sindicalismo acompañó al Gobierno en decisiones iniciales, pero cuestionó los resultados económicos. Señaló que la reactivación prometida no se verificó y que, pese al ajuste, el país sigue recurriendo al financiamiento externo. Ese contraste fue utilizado como argumento para endurecer la postura frente a cambios en el régimen laboral.
El cierre del encuentro estuvo previsto con un almuerzo y la lectura de un documento conjunto. Fuentes sindicales anticiparon que el texto expresará un rechazo al rumbo económico y laboral de la administración libertaria, sin anunciar medidas inmediatas. El objetivo fue fijar una línea común y dejar abierta la posibilidad de acciones futuras si el proyecto avanza en el Congreso.
Más allá de las declaraciones, el cónclave funcionó como una señal de reordenamiento. En un escenario de fragmentación sindical y debates internos sobre estrategia, la convocatoria buscó mostrar volumen y capacidad de coordinación. La presencia de dirigentes de distintos sectores apuntó a reconstruir una mesa ampliada de discusión.
La reforma laboral es el punto de convergencia. El movimiento obrero observa con preocupación los cambios propuestos en convenios, modalidades de contratación y marcos de negociación. El encuentro de Mar del Plata permitió unificar diagnósticos y consensuar argumentos, aun entre gremios con trayectorias y prioridades distintas.
El trasfondo es institucional. La CGT enfrenta el desafío de preservar su rol en un contexto de reformas estructurales y reconfiguración del vínculo con el Estado. La estrategia que emerge no es de confrontación inmediata, sino de acumulación política y técnica, con advertencias públicas que buscan condicionar el trámite legislativo.
En términos de poder, el gesto importa. Barrionuevo eligió un formato conocido para enviar un mensaje clásico: el sindicalismo observa, discute y se prepara. La eficacia de esa señal dependerá de dos factores: la capacidad de sostener unidad y la velocidad con la que el Gobierno avance con su agenda.
El encuentro cerró sin anuncios estridentes, pero con una definición clara: la reforma laboral será el campo de disputa central de los próximos meses. El documento final y las decisiones de la CGT marcarán si el cónclave fue solo un gesto de advertencia o el primer paso de una escalada.


