El conductor de ShowMatch se prepara para el 2019 en medio de la tormenta. Curso exprés de Ciencias Políticas y equipo millennial.
Mauricio Macri traga saliva. No está convencido de lo que va a hacer, pero no le queda otra. Mira a su interlocutor y se manda:
—Marcelo, antes de ir por todo en política tenés que probar.
Tinelli, el conductor de televisión más popular de las últimas décadas, se divierte escuchando al Presidente. Lo deja hablar.
—Tenés que ver si esto es lo que de verdad te gusta. Deberías arrancar por un ministerio o una secretaría. Yo te ofrezco la de Deportes —lo tienta Macri.
—No, Mauricio, te agradezco. ¿Qué te pensás, que soy el “Colorado” Mac Allister? —retruca Tinelli.
—Bueno, vemos qué otro ministerio puede ser. Pero si te decidís a jugar, que sea con nosotros —se esfuerza Macri, antes de recibir la negativa.
La charla sucedió en la última cena íntima que tuvieron el Presidente y el conductor de TV, en julio, cuando en Cambiemos supieron que Tinelli había prendido todos los motores para prepararse para una eventual candidatura. En el oficialismo nadie lo toma demasiado en serio, creen que es un capricho más de los tantos que ha tenido el showman en su vida. Pero a la vez temen que su irrupción en la política produzca algún tipo de sismo inesperado.
En el peronismo, en cambio, ya no se toman tan a la ligera que Tinelli se lance. Todos le hablan, lo endulzan. Y hasta le tienen un lugar preparado, antes de que el mismo conductor lo pida.
Tinelli es un envase vacío, al menos por ahora. Un cúmulo de buenas intenciones. Su candidatura sería la evidencia tajante del fracaso de la política tradicional. Y que el oficialismo y la oposición le ofrezcan lugares de privilegio, la muestra de que nadie está seguro de lo que puede deparar el 2019.
Mientras tanto, en silencio, uno de los hombres más populares del país prepara su desembarco. Especula. Y se divierte con las conjeturas que le llegan a sus oídos. Se junta con todos: escucha promesas. No le da un no rotundo a nada ni a nadie.
Se prepara cual alumno con profesores de la Universidad Di Tella en una especie de carrera exprés enfocada en las Ciencias Políticas. Desde hace un año se sienta tres veces por semana, en módulos de dos horas, con cuatro profesores que le enseñan de la realidad social, económica y cultural de Argentina y Latinoamérica. Aunque ahora, además, trabaja con reportes diarios donde tocan todos los temas de actualidad. Surge la negociación con el Fondo Monetario Internacional y le acercan un informe al respecto. Va a visitar un comedor al conurbano, pero previamente le hablan del narcotráfico, de las “Madres contra el Paco” y del desempleo. Antes de ir a conocer una Pyme le enseñan conceptos básicos de precarización laboral y de las dificultades de crecimiento en el país. Todo en el más absoluto bajo perfil. Sin fotos.
Eso sí, hay una curiosidad. El “profe” que coordina su carrera es uno de los pocos de sintonía kirchnerista dentro de una casa de estudios donde casi todos son macristas. De hecho, el gabinete del Presidente está conformado por muchos ex alumnos de la Di Tella.
No son los únicos profesionales trabajando para Tinelli: tiene ocho empleados en una oficina de Recoleta, a pocas cuadras de su departamento, que hacen labores dentro del marco de su fundación, que ahora cambió de nombre y se llama LaFlia. Son chicos jóvenes, millennials de menos de 30 años, que se ocupan de diferentes tareas sociales.
Mientras tanto, todo ese ruido se escucha en la Casa Rosada y en cada búnker peronista. Y cuando el río suena, agua trae.
Gustavo Waldmann, el desconocido consultor que Tinelli contrató en abril y que casualmente (o no tanto) comparte con Miguel Ángel Pichetto, también se divierte con las sorpresas que genera el conductor de “Showmatch”. Sabe que un outsider como él puede alterar la escena, sobre todo en este momento de crisis y descreimiento de los políticos. El flamante asesor es tajante ante la pregunta de NOTICIAS: “Todos hablan de Tinelli, menos él”.



