La Nación pide tijera. Las provincias, aire. El presidente Javier Milei profundiza su estrategia de ajuste y reducción del Estado, pero los gobernadores ya no solo murmuran su descontento: empiezan a ponerlo por escrito. En la Casa Rosada reclaman menos impuestos, menos gasto, menos retenciones provinciales. En las provincias responden que ya ajustaron. Y que si siguen, no caerá el enojo sobre Milei, sino sobre ellos.
El punto más evidente del deterioro es la obra pública: se paralizó la ampliación de plantas de agua, se abandonaron rutas nacionales, se anuló la licitación del aeropuerto de Rosario. La provincia promete asumir el costo total de la repavimentación de la pista. No por voluntad, sino porque la Nación no lo hará.
Una tensión que ya no se oculta
La disputa tiene varios planos. El primero es político-electoral: los mandatarios acusan que los beneficios del ajuste —menor inflación, dólar contenido— son capitalizados en exclusiva por Milei. Pero si las provincias recortan seguridad, salud o infraestructura, el costo lo pagan ellos, en sus territorios, en sus urnas.
El segundo plano es institucional. Los gobernadores denuncian que el gobierno nacional no tiene hoy interlocutores reales. Santiago Caputo, quien hasta hace semanas garantizaba compromisos directos, quedó neutralizado por la interna que lo enfrenta con Karina Milei. Ahora, el diálogo se da con segundas líneas sin poder de decisión.
Mientras tanto, el Congreso se convirtió en campo de batalla. Los 24 gobernadores impulsaron dos leyes clave: redistribución del fondo de Aportes del Tesoro Nacional y parte del impuesto a los combustibles. Tras la media sanción en el Senado, el conflicto se trasladó a Diputados, donde gobernadores oficialistas no quieren confrontar con Milei en los vetos previsionales, pero sí exigen los fondos.
Pullaro, Frigerio y Llaryora: los aliados que no se alinean
El encuentro de la Región Centro en Córdoba fue una postal estratégica. Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Martín Llaryora (Córdoba) volvieron a reclamar la baja de retenciones. Lo hicieron justo antes de la visita presidencial a La Rural, dejando en claro que no cederán la bandera del campo al discurso libertario.
Presionan por tributar menos, pero sin renunciar a sus programas de gobierno. Santa Fe ya avisó que no dejará de invertir ni de sostener sus pilares: infraestructura, seguridad, producción y equilibrio fiscal.
El gobernador Pullaro evita definirse como opositor, pero tampoco actúa como aliado. La línea que traza es pragmática: negociar caso por caso, según los intereses de la provincia.
Unidos, pero hasta la frontera nacional
Esa prudencia tiene consecuencias. Unidos, el frente que gobierna Santa Fe, no competirá como tal en las elecciones nacionales de octubre. La decisión busca preservar el perfil provincial del espacio. Cada partido —UCR, PRO, PS— definirá su propio camino. Algunos, como el socialismo, ya anticiparon que están dispuestos a competir en soledad.
El PJ, por su parte, también enfrenta dificultades. Las divisiones heredadas del ciclo Perotti, las tensiones con el kirchnerismo y los intereses sectoriales obstaculizan cualquier intento de síntesis. Por ahora, se habla de candidaturas, no de lista.
Mientras tanto, la Convención avanza
Mientras las tensiones nacionales escalan, la Convención Reformadora en Santa Fe empieza a meterse en terreno sensible. Esta semana ingresaron las máximas autoridades del Poder Judicial a la comisión de Justicia. El debate por la ubicación del MPA, el rol del Servicio de Defensa Penal, las reelecciones, los subsidios legislativos y los decretos de necesidad y urgencia ya está abierto. Lo que se discute no es un reglamento: es el mapa del poder provincial de las próximas décadas.
Dentro del oficialismo conviven posiciones divergentes. El radicalismo prioriza dar músculo al Ejecutivo. El socialismo busca morigerarlo con equilibrios institucionales. El macrismo negocia con ambos. Por ahora, la consigna es clara: «unidad hasta que duela».
Del lado de Más para Santa Fe, la estrategia fue distinta: presentar un proyecto unificado, pero dejar las cláusulas más tensas para más adelante. Apuestan a una unidad flexible, sabiendo que en muchos puntos el consenso es aún inviable.
La Constitución está sobre la mesa. Y junto a ella, el vínculo Nación–Provincias, la estrategia electoral de cada espacio, y el equilibrio inestable que atraviesa todo el país. Nadie lo dice así, pero todos lo saben: en Santa Fe también se está ensayando el futuro político argentino.


