Moreno: «Macri es simplemente un paréntesis entre dos décadas ganadas»

Se apoya de costado sobre la mesa, encaja su mano derecha sobre la cintura y mira desafiante hacia la ventana, regalándole su perfil más duro a la cámara. «¿Ahí te va?», le pregunta al fotógrafo. Sabe perfectamente que esa pose es de un Guillermo Moreno puro, a la altura su fama de funcionario bravucón y controvertido, que supo ser de los más influyentes en la era kirchnerista.

Afuera hace más de 33 grados. Y adentro más. No hay aire acondicionado, ni ventilador, ni nada. La oficina que le prestó el sindicato de panaderos en el centro porteño es literalmente un horno. Van y vienen dirigentes y colaboradores que se pierden por los pasillos. La araña de la entrada está apagada. Es un martirio pero a él le encanta. En un rincón, de una caja de cartón asoma una pila de fichas de afiliación al PJ, su nueva cruzada: sumar fieles a un partido que busca recomponerse de la derrota y volver a gobernar.

Para su tarea evangelizadora dentro del peronismo creó La Néstor, una agrupación que pone su tropa al servicio de las elecciones internas. Viaja por el interior, arma actos en el conurbano, pone el cuerpo en las marchas por Milagro Sala y ya no esquiva los micrófonos. «Antes no era mi función hablar», repite. Moreno sospecha que Sergio Massa -al que llama la «rueda de auxilio de Macri»- participará a través de un enviado de la pulseada del PJ. Y para eso propone que el resto -desde gobernadores hasta La Cámpora- acuerden una sola lista para el duelo final.

Sobre el escritorio descansa el primer informe económico de su consultora. «Pero los míos sí son buenos», se ataja, para relativizar su propio archivo. En julio de 2008, en plena guerra por las retenciones móviles, había descalificado las mediciones privadas de inflación -firmas a las que después llevó a la Justicia- con una sentencia tajante: «El que sabe sabe, y el que no, es consultor».

-¿Habla con Cristina?
-No, no. Pero es un tema privado.

-¿Sigue siendo la líder?
-Es indiscutible dentro del Frente para la Victoria.

-No del peronismo, lo separa?
-Sí. El FPV es un frente que contiene distintas expresiones. Con el peronismo solo no alcanza, pero sin el peronismo el FPV no existe. Perón decía algo interesante: cuando comemos un asado, unos llevan la servilleta de papel y otros la carne y el vino. Sin la servilleta de papel el asado es difícil de comer pero, bueno, te la rebuscás. El peronismo sería la carne y el vino.

¿Usted se postula para presidir el PJ?
-Si llega a haber más de dos listas, yo me postulo y les gano a todos. Pero eso no es lo que busco. Ahora, si los muchachos no se ponen de acuerdo y en vez de haber dos listas hay cuatro, me lanzo. Imaginate lo que va a ser El Tribuno de Salta diciendo: «Moreno le ganó a Urtubey». Es un lío.

Los primeros que se anotaron fueron Urtubey y Capitanich. ¿A cuál prefiere?
-(Interrumpe) Los tenemos a Gioja, Insfrán, Verna…

Algunos gobernadores quieren a Gioja como candidato. ¿Lo apoyaría?
-Sí. Lo que está claro es que no podemos poner a un coronel joven de teniente general porque pasaría a retiro a todos los veteranos.

En el llano, Moreno retomó el mayoreo de artículos de ferretería. Escribe El relato del modelo, un libro sobre su papel como soldado de Néstor y Cristina. Jura que va a misa todos los domingos y el límite que nunca atraviesa, única vez que se pone especialmente cuidadoso, es el de su vínculo con el Papa, al que llama siempre «obispo de Roma». Niega que su salida del gobierno para tributar como agregado comercial en la embajada de Italia, en 2013, haya sido un «exilio forzado». Justo cuando el equipo económico se sacudía al ritmo de la interna con su rival: Axel Kicillof. «Me quedé sin nafta», explica.

¿Cómo se lleva con La Cámpora?
-Bien. Hay sectores con los que te llevás mejor porque tenés afinidad; con otros menos, naturalmente. Los chicos de la Juventud Peronista son nuestros hijos.

-Pero usted tuvo roces con funcionarios de La Cámpora, como Kicillof…
-Tuve roces con todos los funcionarios. Vinculados a La Cámpora o no. Obviamente que con Kicillof tenemos diferencias, él tiene formación marxista y yo tengo formación peronista, pero no significa que no podamos discutir y trabajar.

-Pero usted se fue a las manos con Kicillof, ¿no?
-Que yo me acuerde no, creo que no. Aparte Kicillof no le va a pegar a un abuelo.

-Lo critica a Macri, pero dejaron una herencia complicada: escasez de dólares, cepo, inflación, caída del consumo…
-¿Entonces por eso la política económica es aumentar la pobreza?

-Pero…
-(Interrumpe) ¡¿Eso no lo sabía cuando hizo la campaña?! Ahora, la herencia, si es discutible, lo tenés que discutir con Kicillof. Todos hablamos de una década ganada.

-Deja afuera los últimos dos años…
-Kicillof quizá la plantea de 2005 a 2015.

-¿Y usted qué nota se pone como funcionario?
-Que la nota la pongan los demás, ahora si es por el calor popular que recibo… obviamente si voy a Libertador a tomar un café a Tabac, no. El otro día fui a la cancha de Racing; preguntale a Melconian, que me miraba con una cara de susto de la cantidad de fotos que me sacaban.

-¿Lo saludó?
-No, lo vi de lejos. Se sacó los bigotes para parecer más joven, yo me los dejo. Él es el equipo de economía de reserva, lo que pasa es que Macri lo tuvo que esconder.

-Reivindica a rajatabla toda su gestión, sólo reconoció como error que una vez le faltó azúcar y aceite. ¿No hace una autocrítica mayor sobre el control de la inflación?
-Nooooo. ¡Yo tuve todos los precios al alza en el mundo! Llegué a tener la leche a 5500 dólares la tonelada, la soja a 600, el petróleo a 140… ¡Fue maravilloso lo que hicimos con la inflación!

-Y defiende las cifras del Indec…
-Los números fueron impecables. Contra éstos que no dan números… ¿Qué tenés para decir? Es como que dijeras «prefiero los hombres que no me den un beso».

-Si sus números eran buenos, ¿por qué la CGT, que era aliada del gobierno, usaba un índice propio y no el del Indec para pedir aumento salarial?
-¿Los trabajadores no pueden aumentar su porción en la renta nacional?

-Pero la recomposición real no fue tan por encima…
-No, no es así. Con la misma vehemencia con la que defiende como sea su actuación, niega aprietes a empresarios y el uso de un arma intimidante en su despacho. «Eso lo inventó [Horacio] Verbitsky con letra de Alberto Fernández», apura, con ánimo de cerrar el tema.

Vuelve, con teatralidad, una y otra vez a la prédica de la biblia peronista. No se rinde ni un minuto. El objetivo siempre es el eterno retorno.

-¿Tienen chance de volver en cuatro años?
-Claro. Esto es simplemente un paréntesis entre dos décadas ganadas. Hicimos la primera, nos falta la segunda.

Fuente: La Nación

 

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