Nafta en marzo: el Gobierno sube impuestos y el litro vuelve a moverse

En 10 segundos:
Qué pasó: El Gobierno aplicó una suba parcial del ICL y del IDC desde el 1° de marzo.
Qué cambia desde hoy: La nafta y el gasoil aumentan en promedio 1,1% por el componente impositivo.
A quién le pega: Automovilistas, transportistas y toda la cadena logística.
Qué mirar ahora: Si en abril se completa el ajuste postergado y cómo impacta en la inflación mensual.

Santa Fe, 27 de febrero de 2026.

El Gobierno nacional vuelve a optar por la fórmula del ajuste dosificado: actualiza parcialmente el impuesto a los combustibles líquidos (ICL) y el gravamen al dióxido de carbono (IDC), mientras difiere el resto de los incrementos acumulados. El resultado es una suba promedio del 1,1% en el litro de nafta y gasoil desde este domingo.

La decisión tiene un equilibrio delicado. Por un lado, evita seguir postergando completamente un tributo que se actualiza por mecanismo automático atado al IPC. Por otro, busca amortiguar el impacto en un precio altamente sensible. El combustible no es un producto más: es referencia diaria, visible y comparativa.

En términos estrictos, la nafta súper sumaría alrededor de $17 por litro solo por el impuesto, mientras que el gasoil agregaría cerca de $14, más los componentes diferenciales en determinadas zonas. Son cifras técnicas. En la percepción social, el dato es más simple: el surtidor vuelve a marcar un número más alto.

En Santa Fe el impacto no se agota en el tanque particular. El gasoil atraviesa la estructura productiva y el sistema logístico. Cada ajuste incide en transporte, distribución y costos operativos. Aunque el porcentaje parezca acotado, su efecto acumulativo se filtra en múltiples rubros.

Hay además un elemento comunicacional relevante. El Gobierno intenta instalar la idea de “corrección responsable” para sostener el sendero fiscal sin provocar un salto brusco en precios. El problema es que el consumidor no discute el cronograma tributario: mira el cartel de la estación de servicio.

La estrategia del aumento parcial tiene una ventaja inmediata —evitar un shock— pero también un riesgo: prolongar la sensación de goteo. Cuando las actualizaciones se repiten mes a mes, el malestar no explota, pero tampoco desaparece.

El interrogante ahora es doble. Primero, si en abril se aplicará el tramo pendiente del ajuste. Segundo, cómo absorberá el índice de inflación esta nueva corrección en un contexto donde cada décima tiene peso político.

El combustible vuelve a moverse. Y con él, se mueve algo más que el precio del litro: se mueve la percepción sobre la estabilidad económica cotidiana.

 

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