Un quiebre en el Senado: siete leyes, una advertencia y el regreso de la política

En una jornada de alta tensión parlamentaria, la Cámara Alta aprobó un paquete de proyectos que reconfigura el mapa institucional y desafía el programa económico del presidente Javier Milei. El regreso de los gobernadores, la debilidad del oficialismo y la reaparición de Villarruel como figura clave.

La escena se cristalizó a las 14:14 del jueves: 42 senadores sentados en sus bancas, quórum asegurado, y una sensación en el aire que no era solo de trámite legislativo. Era otra cosa. Un acto de fuerza institucional que rompió la inercia de los últimos meses.

En menos de diez horas, el Senado convirtió en ley tres proyectos de fuerte impacto fiscal —aumento de jubilaciones, prórroga de la moratoria previsional y emergencia en discapacidad—, rechazó un veto presidencial sobre la emergencia en Bahía Blanca, y le dio media sanción a dos iniciativas impulsadas por los gobernadores: el nuevo reparto de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y una redistribución del impuesto a los combustibles líquidos.

Cada una de esas decisiones lleva implícito un mensaje: la política no desapareció.

El mapa que se reconfigura
Aunque el oficialismo buscó deslegitimar la sesión desde el arranque —con la propia vicepresidenta Victoria Villarruel a cargo del debate preliminar—, no logró frenar el avance opositor. En un movimiento que incomodó a la Casa Rosada, Villarruel se retiró del recinto tras destrabar la sesión. Su figura quedó expuesta a críticas públicas desde el propio gabinete nacional: la ministra de Seguridad Patricia Bullrich la acusó de facilitar “el sabotaje al plan libertario”.

Pero el problema del Gobierno no fue solo la oposición peronista. También legisladores de la UCR, del PRO y de bloques provinciales se sentaron en sus bancas. El bloque libertario, tras intentar frenar el tratamiento, terminó abandonando el recinto. En ese gesto, el Senado dejó de ser un escenario de resistencia aislada y volvió a ser lo que fue durante décadas: una caja de resonancia del poder territorial.

Gobernadores, votos y pesos
Los dos proyectos vinculados a fondos coparticipables —ATN e impuesto a los combustibles— contaron con el respaldo explícito de los 23 gobernadores y el jefe de Gobierno porteño. No es un dato menor. Significa que, aun sin mayoría en el Congreso, los mandatarios provinciales encontraron un cauce institucional para recuperar recursos tras meses de tensión con el Ejecutivo nacional.

En privado, varios de ellos explican que no se trata de “romper todo”, como los acusó Milei luego de la fallida convocatoria del 9 de Julio. Se trata de volver a gobernar.

La estrategia fue clara: mostrar que la discusión por el reparto no es un capricho político sino una necesidad fiscal concreta. Lo que está en juego, dicen, no es el déficit cero de Nación, sino el funcionamiento operativo de los Estados provinciales.

Tres leyes con veto anunciado
El presidente Javier Milei ya advirtió que vetará las leyes aprobadas. Lo dijo públicamente horas después de la sesión, y su entorno dejó trascender que están dispuestos a judicializar el proceso si el Congreso insiste.

Las leyes en cuestión —recomposición jubilatoria, moratoria previsional y emergencia en discapacidad— se aprobaron con mayorías simples, no con los dos tercios necesarios para sortear el veto presidencial. Pero el mensaje político es evidente: en el Congreso, el plan Milei dejó de ser incuestionable.

Una sesión, muchos signos
La jornada en el Senado no fue solo legislativa. Fue política. Reaparecieron los gobernadores, reaparecieron los votos cruzados, reapareció la deliberación. Lo que parecía congelado desde diciembre, volvió a moverse.

Villarruel, que venía de semanas en silencio, recuperó centralidad —aunque a un alto costo interno. El bloque libertario, por su parte, mostró su aislamiento: sin capacidad de veto ni de negociación, abandonó el recinto frente al avance de una mayoría nueva, no automática, pero sí activa.

Desde ahora, el Gobierno enfrenta un nuevo equilibrio. No hay mayoría propia. No hay obediencia garantizada. Lo que hay es Congreso. Y en esa arena, la política volvió a escena.

 

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