Con el reloj marcando la cuenta regresiva hacia el inicio de la Convención Constituyente, Unidos para Cambiar Santa Fe —la coalición gobernante en la provincia— dio esta semana un paso clave: bajó el tono, levantó el teléfono y comenzó a trazar la hoja de ruta de lo que espera sea una reforma sin estridencias ni fracturas.
El objetivo inmediato es político, pero también simbólico: evitar una foto de mayorías justas que imponga más dudas que certezas. Unidos tiene los números —33 bancas propias y otras 3 afines—, pero busca algo más complejo: una mayoría robusta, transversal y legitimada por el diálogo.
En Rosario, en la sede del PRO, se reunieron este martes representantes de los cinco partidos que integran la alianza oficialista con presencia en la Convención: la UCR, el Partido Socialista, el PRO, Creo y UNO. Allí, lejos de las cámaras y sin documentos para la tribuna, acordaron lo que uno de los asistentes sintetizó en voz baja: “A partir de la semana que viene tenemos que sistematizar los diálogos con otras fuerzas políticas”.
Esos diálogos, hasta ahora informales, se convertirán en gestiones activas. El oficialismo pondrá en marcha una comisión negociadora para hablar con Juan Monteverde (Más para Santa Fe), Marcelo Lewandowski (Activemos), Nicolás Mayoraz (La Libertad Avanza) y Amalia Granata (Somos Vida y Libertad). También se sentarán con Alejandra Locomotora Oliveras, cuya bancada satelital ha funcionado como aliada del oficialismo.
Pero el verdadero objetivo, admiten en privado, es el peronismo. No solo porque fue la segunda fuerza más votada, sino porque conserva una musculatura institucional, territorial y discursiva que podría darle a la reforma el consenso que la historia reclama.
“La discusión sobre el reglamento, las autoridades de la Convención y el contenido de la nueva Constitución van a ir de la mano”, aseguró un dirigente de la mesa chica de Unidos. En esa mesa, el radicalismo tiene su columna vertebral en Felipe Michlig, senador por San Cristóbal y presidente del comité provincial de la UCR, nombre que circula como futuro presidente de la asamblea. El peronismo, por su parte, aspira a quedarse con la vicepresidencia primera, en virtud de su caudal electoral.
Las conversaciones, sin embargo, no se agotan en las bancas ajenas. En paralelo, el oficialismo trabaja puertas adentro para alinear a sus propios convencionales. Con cinco partidos y un mosaico de voces, el riesgo de desentonar no es menor. En palabras de uno de los arquitectos políticos de la coalición: “Con nuestros matices, tenemos que transmitir un mensaje en sintonía con la ley de necesidad de la reforma”.
Este jueves, en el Museo de la Constitución, todos los convencionales electos recibirán sus diplomas. Será la primera postal compartida de un proceso que aún no empezó, pero que ya empieza a mostrar su trama: no será una batalla por imponer, sino una coreografía para convencer. Unidos, al menos por ahora, ensaya un tono contenido, técnico, incluso institucional. Como si supieran que el mayor ruido puede venir no del recinto, sino de la calle.
El desafío está planteado: reescribir las reglas del juego sin que se rompa el tablero.


