Cada vez más rosarinos alquilan y cada vez menos llegan a la casa propia

En 10 segundos
¿Qué pasó?
Un informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) advirtió que Rosario atraviesa un proceso sostenido de «inquilinización».

¿Qué significa?
Cada vez más familias alquilan porque acceder a una vivienda propia resulta económicamente más difícil.

¿Qué muestran los datos?
En 1980, el 12% de los hogares rosarinos alquilaba. Hoy ese porcentaje alcanza el 37%.

¿Qué preocupa?
La mayor oferta de departamentos no logró aliviar el peso de los alquileres sobre los ingresos familiares.

Rosario, 10 de julio de 2026.  El mercado de alquileres de Rosario ofrece una paradoja que resume buena parte de la realidad habitacional argentina. Nunca hubo tantos departamentos disponibles para alquilar en los últimos años y, al mismo tiempo, cada vez son menos las familias que pueden pensar en comprar una vivienda.

Esa combinación dio lugar a un proceso que desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) definen como una creciente «inquilinización», un fenómeno que modifica la estructura habitacional de la ciudad y condiciona el futuro de miles de hogares.

Una tendencia que lleva décadas
Los datos muestran que el cambio no responde únicamente al contexto económico actual.

Mientras en 1980 apenas el 12% de las familias rosarinas alquilaba su vivienda, hoy esa cifra trepó al 37%, lo que significa que la proporción de inquilinos prácticamente se triplicó en cuatro décadas.

Para la economista del CESO, Celina Calore, el acceso a la vivienda propia se volvió cada vez más complejo porque los ingresos evolucionan por debajo del costo de habitar una vivienda.

Más oferta, pero sin alivio para los inquilinos
El relevamiento del CESO indica que la cantidad de inmuebles publicados para alquiler aumentó un 72% respecto de junio del año pasado.

Sin embargo, ese crecimiento de la oferta no produjo una baja significativa de los precios.

Durante el primer semestre del año, los alquileres evolucionaron prácticamente al ritmo de la inflación general. Los monoambientes fueron los que registraron el mayor incremento, con una suba interanual del 35%, por encima de la inflación del mismo período, estimada en el 33%.

Los departamentos de un ambiente aumentaron un 36% interanual, los de dos ambientes un 29% y los de tres ambientes un 33%.

El salario ya no alcanza
El deterioro del poder adquisitivo aparece como el principal obstáculo.

Según el informe, el salario mínimo ya no alcanza para afrontar el alquiler promedio de un monoambiente en Rosario, cuyo valor ronda los 380.000 pesos.

La situación resulta igualmente crítica para quienes perciben la jubilación mínima, cercana a los 473.000 pesos, ya que el alquiler absorbe prácticamente la totalidad del ingreso mensual antes de sumar expensas y servicios, que pueden incrementar el costo final alrededor de un 16%.

Contratos más cortos y mudanzas más frecuentes
El informe vincula parte de este escenario con los cambios introducidos tras la derogación de la Ley de Alquileres mediante el DNU 70/2023.

Con contratos que, en la práctica, pasaron de tres a dos años, muchas familias enfrentan actualizaciones que dificultan sostener el mismo alquiler y terminan buscando viviendas más económicas.

Ese proceso genera una mayor rotación de inquilinos y profundiza una tendencia que, según los especialistas, ya forma parte de la nueva realidad habitacional de Rosario.

 

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