Cooperadoras escolares advierten por una escalada de robos y vandalismo que ya impacta en la alimentación de los alumnos

En 10 segundos:
Qué pasó: cooperadoras alertaron por una seguidilla de hechos de inseguridad en escuelas
Qué cambia desde hoy: se interrumpen servicios básicos como comedores y copa de leche
A quién le pega: a estudiantes, familias y al funcionamiento cotidiano de las instituciones
Qué mirar ahora: si se reactivan instancias de coordinación en seguridad y prevención

Santa Fe, 10 de abril de 2026. Entrar a una escuela y encontrar una cocina inutilizada dejó de ser un episodio aislado. Empieza a marcar una secuencia.

La Federación de Cooperadoras Escolares expuso un escenario que combina robos reiterados con daños intencionales sobre infraestructura clave. El punto de tensión no está en los objetos sustraídos, sino en lo que queda inutilizado después: cañerías rotas, equipos fuera de uso, espacios que dejan de funcionar.

El efecto inmediato cae sobre los comedores. En varias instituciones, la imposibilidad de preparar alimentos impacta de forma directa en la copa de leche y en el almuerzo diario. Ahí se concentra el problema más sensible, porque traslada la inseguridad al plano de la nutrición.

Las cooperadoras sostienen que detrás de cada pérdida hay un esfuerzo acumulado de las familias. Recursos obtenidos en rifas, eventos o aportes propios que se diluyen en un contexto económico ajustado. Esa dinámica no solo afecta lo material. Introduce desgaste en la organización comunitaria que sostiene a las escuelas.

El reclamo incorpora otra capa. Las referentes Ivana Pintos y Mónica Morel señalaron la falta de instancias de diálogo con el gobierno provincial. Desde el inicio de la gestión, registran un único encuentro con el Ministerio de Educación y ausencia de coordinación para canalizar inversiones en alarmas, cámaras o refuerzos edilicios a través del FAE.

La demanda apunta a una articulación más amplia. Incluye al Ministerio de Seguridad en la construcción de esquemas preventivos alrededor de los edificios escolares, con patrullajes y corredores que reduzcan la exposición de las instituciones.

El planteo ya no se limita a denunciar hechos. Expone una fragilidad en la protección de espacios que cumplen una función social central.

Lo que queda abierto es si ese señalamiento logra activar una respuesta coordinada o si la secuencia continúa con cada escuela resolviendo sola lo que debería tener una respuesta más estructural.

 

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