En 10 segundos:
Qué pasó: un informe de la UNR analizó el deterioro del empleo joven en el Gran Rosario
Qué cambia desde hoy: el problema deja de medirse solo por desempleo y suma inactividad
A quién le pega: a jóvenes de 18 a 24 años, hogares trabajadores y sectores productivos
Qué mirar ahora: si la región logra recomponer oportunidades laborales reales para esa franja
Rosario, 3 de mayo de 2026. El dato más duro del informe aparece antes de contar cuántos jóvenes buscan trabajo. En el Gran Rosario, más de la mitad de la población de 18 a 24 años figura como inactiva: personas que actualmente quedan fuera del empleo y de la búsqueda laboral.
La investigación fue elaborada por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario. El trabajo, dirigido por Alicia Castagna y codirigido por Verónica Véntola, analiza la evolución reciente del empleo juvenil a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares.
En el aglomerado viven cerca de 145.000 jóvenes dentro de esa franja etaria. El 50,7% aparece dentro del grupo inactivo. Esa cifra desplaza el centro del diagnóstico: el problema ya alcanza a quienes perdieron el empleo, a quienes buscan sin éxito y a quienes dejaron de intentarlo.
La tasa de desocupación general ronda el 7% en el Gran Rosario. Entre jóvenes, el indicador trepa hasta el 32% en algunos trimestres. La brecha muestra una fragilidad estructural: cuando la economía se enfría, los primeros empleos son los primeros en resentirse.
El cambio de ciclo se sintió con fuerza desde 2024. Después de un 2023 con crecimiento moderado en la región, sectores que suelen absorber mano de obra joven —construcción, industria manufacturera, hoteles y restaurantes— registraron caídas interanuales significativas.
El informe también detecta un movimiento más profundo. Entre el primer trimestre de 2023 y el último de 2024, la población joven que busca trabajo cayó 41%, mientras que el universo de jóvenes que no estudian ni trabajan aumentó 30%. La desocupación visible convive con un retiro silencioso del mercado.
La informalidad completa el cuadro. Durante 2024, el empleo juvenil sin aportes ni seguridad social alcanzó picos cercanos al 70%. Para muchos jóvenes, conseguir trabajo implica entrar por la puerta más débil del sistema: ingresos inestables, baja protección y escasa capacidad de planificar autonomía económica.
La desigualdad de género suma otra capa. Los varones suelen incorporarse más rápido al empleo, aunque con mayor exposición a condiciones informales. Las mujeres jóvenes enfrentan niveles más altos de desocupación y mayor riesgo de quedar clasificadas fuera del mercado laboral bajo tareas domésticas.
El estudio incorpora, además, una tensión entre formación y demanda productiva. La mejora educativa de parte de los jóvenes ocupados no garantiza estabilidad. Según la mirada recogida por la investigación, las empresas advierten dificultades en habilidades laborales básicas: escucha, trabajo en equipo, cumplimiento de horarios y adaptación a estructuras de organización.
El fondo del problema es regional y generacional. El Gran Rosario necesita empleo, pero también un sistema capaz de conectar educación, producción y primeras experiencias laborales sin expulsar a quienes recién intentan entrar. La próxima discusión ya no pasa por contar jóvenes desocupados: pasa por recuperar expectativas antes de que la inactividad se vuelva una trayectoria permanente.


