A casi un año y medio del asesinato de Carlos Alberto Farías, la justicia santafesina ordenó la exhumación de su cuerpo como parte de nuevas diligencias en la investigación. La medida fue ejecutada en las últimas horas y responde a la necesidad de obtener una muestra genética que permita determinar si una mancha hallada en el zapato del principal acusado corresponde al perfil de la víctima.
Farías fue hallado sin vida el 23 de febrero de 2024, en el interior de un local comercial ubicado en plena peatonal San Martín al 2600. La escena del crimen —en el corazón del centro santafesino, en horario diurno— conmocionó tanto por la violencia del hecho como por su ubicación. Desde entonces, el expediente avanzó con marchas y contramarchas, en medio de versiones cruzadas y silencios incómodos.
ADN, una pieza dental y una pista clave
Martín Risso Patrón, abogado de la familia de Farías, confirmó que la exhumación fue solicitada para obtener una pieza dental que permita cotejarla con una mancha de sangre detectada en el calzado del sospechoso. “Queremos corroborar si el ADN corresponde con Carlos Farías”, explicó el letrado, que insistió en que la familia aún espera justicia frente a lo que calificó como “un brutal asesinato”.
La hipótesis principal sostiene que Farías fue citado al lugar bajo el pretexto de realizar una transacción: se dedicaba a la venta informal de dólares, actividad que solía ejercer en el circuito financiero paralelo del microcentro santafesino. Esa línea de trabajo lo colocaba en contacto frecuente con clientes sin intermediación bancaria ni resguardo institucional.
Aunque nunca fue oficialmente descartado, el móvil del robo nunca terminó de cerrar del todo. Algunos elementos sustraídos, la mecánica del crimen y ciertos detalles omitidos en los primeros días de investigación alimentaron dudas persistentes entre los allegados de la víctima.
Un crimen con silencios
El caso de Farías se convirtió en uno de los episodios más inquietantes de los últimos años en la capital provincial, no tanto por su exposición mediática como por el bajo perfil con que se manejó su avance judicial. La reciente decisión de ordenar la exhumación representa, para muchos, una señal: la causa sigue abierta, y podrían surgir nuevos elementos.
Para la familia, se trata también de una oportunidad para visibilizar lo que consideran una demora injustificable. “No hay paz sin verdad”, dijeron en más de una oportunidad ante medios locales. El hallazgo de sangre en el zapato del acusado reaviva las expectativas de esclarecer un caso donde las certezas aún escasean.


