Un nuevo episodio con las marcas del narcotráfico volvió a ocurrir en el sur santafesino. Esta vez fue en Sanford, una localidad a la vera de la ruta nacional 33, donde un trabajador rural denunció el aterrizaje clandestino de una avioneta y el posterior retiro a gran velocidad de dos camionetas tipo Amarok, desconocidas en la zona. El hecho ocurrió este miércoles, y ya es el tercer caso similar registrado en junio en la región.
El denunciante, criador de ganado, dio aviso inmediato a las autoridades policiales. Aunque la aeronave ya no estaba en el lugar al llegar los agentes, las características del episodio descartan que se tratara de un avión fumigador y alimentan la hipótesis de un nuevo vuelo narco proveniente de países limítrofes.
La secuencia se suma a otros dos casos recientes: el hallazgo de una avioneta abandonada en Estación Díaz el 3 de junio —con dos detenidos, uno de nacionalidad boliviana y otro peruano— y el hallazgo de otra aeronave incendiada en Pergamino, dos días después. En el primer caso, los pilotos habían ingresado con matrícula adulterada, cargador de arma de fuego, dólares en efectivo y dispositivos satelitales, según consta en la imputación judicial.
La fiscalía federal reconstruyó el plan de vuelo a partir del análisis del GPS, teléfonos celulares y comunicaciones, confirmando que la aeronave había ingresado al país de forma clandestina desde Bolivia y transportado dinero, material sospechoso y objetos vinculados al narcotráfico. Los mensajes hallados hacían alusión a “carga”, “material” y otras referencias que la fiscalía considera compatibles con tráfico de estupefacientes.
La zona sur de Santa Fe —por su extensión rural, su cercanía con rutas nacionales y su ubicación estratégica como corredor entre provincias— se ha transformado en un nuevo punto de alerta para vuelos ilegales de baja altitud. A diferencia de otras regiones del país con radares activos o presencia constante de fuerzas federales, estos territorios combinan baja vigilancia aérea con alta operatividad narco.
El caso de Sanford, aún sin detenidos ni evidencia directa incautada, vuelve a encender la señal de alarma. No solo por la frecuencia de los episodios, sino por el modo silencioso en que operan: sin tiroteos, sin persecuciones, sin ruido… solo rastros de tierra removida, coordenadas digitales y motores que desaparecen en caminos rurales.


