Santa Fe, 27 de febrero de 2026.
El conflicto con docentes, policías y personal de salud no expone solo una discusión salarial. Expone algo más delicado: el gobernador no logró consolidar una autoridad política sólida.
Intentó construir una narrativa de orden y eficiencia. Pero esa narrativa dependía de soportes que hoy cargan su propio desgaste.
Los grandes portales provinciales aparecen saturados de pauta oficial. Los banners institucionales ocupan espacios centrales. En un contexto donde la confianza en los medios tradicionales viene en declive, la sobreexposición paga no fortalece la imagen: la vuelve sospechosa.
A eso se suman los cuestionamientos sobre el ecosistema digital que rodea al gobierno. Campañas intensivas en Meta y Google Ads, crecimiento abrupto de seguidores y denuncias sobre interacción artificial instalaron una pregunta incómoda: ¿por qué no logra un respaldo digital genuino?
En política contemporánea el contenido es parte de la forma. Si la forma es poco creíble, el contenido también.
Ese es el punto crítico.
Cuando el gobernador le habla a los docentes explicando técnicamente la oferta salarial, el problema no es la planilla. Es la credibilidad del emisor. Si el receptor percibe que el mismo gobierno invierte recursos en amplificación paga mientras ajusta el margen de negociación salarial, la lectura política cambia.
El trabajador estatal no analiza métricas de inversión publicitaria. Percibe coherencia o incoherencia. Y esa coherencia, a todas luces y con una naturalización preocupante, aparece como mentirosa.
Desde la lógica del marketing político el error es estructural. El gobierno parece haber confundido alcance con legitimidad. La pauta compra visibilidad. No compra confianza. Y sin confianza no hay liderazgo, ni interno ni externo.
El exceso de inversión publicitaria no funciona como refuerzo sino como síntoma. Cuando un oficialismo necesita estar en todos lados para sostener autoridad, el mensaje ya perdió fuerza propia.
La policía observa condiciones materiales y salariales históricamente postergadas. El sistema de salud enfrenta guardias exigidas y estructuras tensas. Los docentes discuten poder adquisitivo en un escenario económico restrictivo. En ese marco, la comunicación oficial no genera adhesión. Genera distancia.
Pullaro construyó presencia. Pero no construyó respaldo.
La autoridad no se sostiene con impresiones ni con segmentación digital. Se sostiene con coherencia política percibida. Y cuando esa coherencia se debilita, cada negociación se vuelve más costosa y cada anuncio más difícil de instalar.
No se trata de una crisis abierta de gobernabilidad. Se trata de un déficit de credibilidad.
En una provincia donde el Estado es el principal empleador y un actor central en la vida cotidiana, gobernar implica algo más que administrar números.
Implica convencer.
Hoy, esa capacidad de convencimiento no está asegurada.


