Rosario sin tregua: un crimen a balazos en plena calle reaviva la tensión en el corazón urbano

ROSARIO, Argentina — El cuerpo de Axel Nicolás Romero yacía sobre la calzada cuando los agentes del GIRI llegaron al lugar. Eran la 1:20 de la madrugada. A su alrededor, los vecinos se amontonaban sin decir palabra, entre el espanto y la costumbre, como si la escena ya formara parte de una rutina no escrita. En 27 de Febrero y Omar Carrasco —una esquina que une calles, pero también fracturas sociales— la violencia volvió a ser protagonista de una noche rosarina.

Tenía 25 años, un pedido de captura vigente, y murió de un balazo letal. Pero su historia, como tantas otras, parece ya incorporada al relato urbano de una ciudad que aprendió a naturalizar lo insoportable.

Los testigos no vieron nada. Las cámaras quizás sí. En el lugar, personal policial halló quince vainas servidas calibre 9 mm y un vehículo dañado por una bala. A los pocos minutos llegó el Sies. Ya era tarde.

Ecos de un patrón que se repite
Aunque el crimen tiene nombre, víctima y coordenadas precisas, el guion no es nuevo. Rosario acumula en su geografía cientos de casos similares: disparos, calles vacías, víctimas jóvenes, armas en circulación y barrios que callan.

Cada muerte así parece una línea más en un expediente interminable que pocas veces llega a una resolución firme. La fiscal de Homicidios Dolosos ordenó autopsia, secuestro de evidencia balística y análisis de cámaras. La Agencia de Investigación Criminal trabajó hasta que la noche dejó de ser noticia.

Pero cuando el sol vuelva a salir, lo más probable es que el miedo siga intacto y las respuestas, igual de ausentes.

Un barrio entre la marginalidad y el abandono
Soldado Carrasco y 27 de Febrero no es una zona cualquiera. Es la continuación de Riccheri, pero también es el borde: un límite urbano que separa el centro visible del resto invisible. Allí donde la infraestructura llega a medias, donde la presencia del Estado suele limitarse al patrullero, la vida vale poco y se pierde rápido.

Los vecinos saben —aunque no lo digan— que en esos barrios, la ley la escriben otros. La fiscalía investiga si el hecho tiene conexión con otras muertes recientes. La sombra del narcomenudeo, como tantas veces, vuelve a aparecer sin que nadie la nombre oficialmente.

Rosario y el relato que no alcanza
En los discursos, la inseguridad es prioridad. En la práctica, sigue desbordando. Y mientras se anuncian reformas, refuerzos y protocolos, la calle tiene sus propios tiempos. En ellos, la violencia no espera ni se detiene. Solo se traslada, cambia de esquina, y vuelve a disparar.

El caso de Romero no será el último. Pero quizás —si se lo cuenta bien— pueda no ser solo uno más.

 

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