En 10 segundos:
Qué pasó: Santa Fe perdió 3.800 empleos privados registrados durante abril.
Qué cambia desde hoy: desapareció la recuperación observada en marzo y 2026 acumula 5.700 puestos menos.
A quién le pega: a trabajadores, industrias, comercios y actividades independientes.
Qué mirar ahora: cuántos empleos netos y permanentes generan los incentivos fiscales provinciales.
Santa Fe, 18 de julio de 2026. Santa Fe pasó de 509.900 asalariados privados registrados en marzo a 506.100 durante abril. Treinta días alcanzaron para borrar la recuperación del mes anterior y devolver al mercado laboral provincial a una curva descendente.
Los números pertenecen al Sistema Integrado Previsional Argentino y fueron analizados por Juan Manuel Pusineri, exministro de Trabajo de Santa Fe. La serie con estacionalidad muestra una pérdida mensual de 3.800 empleos formales y una reducción de 5.700 puestos durante los primeros cuatro meses de 2026.
La perspectiva más amplia expone la profundidad del retroceso. En diciembre de 2023, la provincia contabilizaba 523.700 trabajadores privados registrados. Dos años y cuatro meses después quedan 506.100. La diferencia representa 17.600 empleos y una contracción cercana al 3,4% de la base laboral formal.
La caída adquiere relevancia política por su relación con los incentivos fiscales implementados por el Gobierno santafesino. La Provincia informó que las empresas beneficiadas incorporaron 8.585 trabajadores durante el primer trimestre de 2026 y presentó esa cifra como resultado de sus políticas de promoción.
La lectura correcta exige ubicar cada número dentro de su medición. El anuncio provincial contabiliza incorporaciones realizadas por determinadas empresas. El SIPA registra el stock final de trabajadores formales después de sumar altas y descontar bajas.
Las dos cifras pueden convivir dentro de un mercado que pierde empleos. Una empresa contrata personal, otra reduce su plantel y una tercera reemplaza trabajadores que dejaron puestos vacantes. La creación neta aparece cuando las altas superan a todas las desvinculaciones producidas durante el mismo período.
Por eso, la evaluación de los beneficios fiscales necesita información adicional: cuántos de los 8.585 trabajadores continúan empleados, qué proporción cubrió vacantes anteriores, cuánto creció la dotación efectiva de las empresas alcanzadas y qué habría ocurrido sin esos incentivos.
Los registros sectoriales disponibles para todo el país aportan otra señal. Durante abril crecieron hoteles y restaurantes, con un 0,4%, y agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un 0,2%. La pesca cayó 5,9%; la intermediación financiera, 0,9%; transporte y comunicaciones, 0,4%; industria manufacturera, comercio y minería, 0,3% en cada caso.
La retracción de la industria y el comercio tiene una sensibilidad particular para Santa Fe por el peso de ambas actividades dentro de su estructura productiva. Un mercado interno debilitado reduce ventas, frena inversiones y condiciona la capacidad empresarial para conservar planteles.
El deterioro alcanzó además al trabajo independiente. Esta modalidad cayó 0,7% durante abril, con bajas de 2,1% en el monotributo social, 1% entre autónomos y 0,5% en el monotributo. El empleo en casas particulares registró un incremento marginal del 0,1%.
Las remuneraciones agregan otra dimensión. El salario bruto promedio informado por el SIPA llegó a $2.215.707 y la mediana quedó en $1.600.829. La distancia cercana al 28% indica que una parte considerable de los trabajadores cobra por debajo del promedio general.
El desafío provincial queda concentrado en la permanencia. Los incentivos necesitan traducirse en planteles más numerosos, empleos sostenidos y un crecimiento visible dentro del registro oficial. Abril dejó una señal adversa: la economía santafesina continúa perdiendo trabajo formal y cada recuperación dura menos de lo necesario.


