La problemática de los cuidacoches, más conocidos como «trapitos», sigue siendo un tema sin resolver en la ciudad de Santa Fe, a pesar de las medidas implementadas por el municipio. En mayo de 2024, el Concejo Municipal aprobó una ordenanza que prohíbe la actividad de cuidado y limpieza de vehículos en la vía pública. La iniciativa, respaldada por el intendente Juan Pablo Poletti, buscaba, en una primera etapa, erradicar a los cuidacoches de la zona de estacionamiento medido, argumentando que los vecinos no deberían pagar dos veces por un mismo servicio.
Sin embargo, a casi un año de la implementación de esta medida, el escenario en el centro de la ciudad demuestra que los objetivos planteados están lejos de cumplirse. Los cuidacoches continúan operando, desafiando la prohibición y reflejando la ineficacia de los mecanismos de control. «La realidad es que seguimos teniendo que pagarle al cuidacoches, aunque ya hayamos abonado el estacionamiento medido. El problema no cambió», comenta una vecina que estaciona diariamente en la zona céntrica.
Un plan que nunca terminó de arrancar
En la presentación de la ordenanza, el Ejecutivo local propuso incorporar a los cuidacoches a cooperativas municipales, una estrategia destinada a ofrecerles una salida laboral formal. No obstante, el impacto de esta política fue limitado: pocos se integraron a las cooperativas, y quienes lo hicieron señalan que las condiciones de trabajo no resultaron atractivas en comparación con lo que percibían en la vía pública.
Además, la falta de fiscalización efectiva permitió que muchos trapitos continuaran operando sin mayores inconvenientes. El resultado: un sistema que dejó a los vecinos insatisfechos y que no logró generar un cambio estructural en la problemática.
La segunda etapa: ¿una utopía?
Para este 2025, la Municipalidad anunció que avanzará en una segunda etapa de la prohibición, ampliando la medida a zonas fuera del área céntrica. Sin embargo, esto genera dudas: ¿cómo se espera que funcione una estrategia que ya fracasó en su implementación inicial?
«La primera etapa fue un ensayo fallido. Prometieron soluciones integrales y terminamos con el mismo problema de siempre», señala Marcelo, un comerciante del microcentro. Y no es el único que comparte esta percepción. La falta de coordinación entre los organismos de control y el enfoque exclusivamente punitivo del municipio dejaron a la ciudadanía sin respuestas concretas.
Un problema que va más allá de los trapitos
El fenómeno de los cuidacoches no es un problema aislado; está vinculado a cuestiones más amplias, como la falta de oportunidades laborales, la informalidad y el crecimiento de la pobreza en la ciudad. Sin atacar estas causas de fondo, cualquier política destinada a erradicar a los trapitos estará condenada a ser un parche temporal.
En este sentido, expertos en sociología urbana destacan que medidas como las cooperativas pueden ser una herramienta válida, pero solo si están acompañadas de políticas inclusivas y sostenibles que brinden alternativas reales a quienes trabajan en la vía pública.
¿Y ahora qué?
Mientras el municipio insiste en avanzar con la segunda etapa de la prohibición, el desafío sigue siendo construir una política que no solo intente eliminar el síntoma, sino que también aborde las causas. De lo contrario, los trapitos continuarán siendo una presencia constante en Santa Fe, y el descontento ciudadano no hará más que crecer.
El tiempo dirá si la gestión de Juan Pablo Poletti logra encontrar una solución efectiva o si, como en tantas otras ciudades, la problemática de los cuidacoches seguirá siendo un tema sin resolver en la agenda pública. Por ahora, lo único claro es que, para los santafesinos, pagar por estacionar sigue siendo un doble problema.


