Un robo ocurrido el sábado por la noche en el barrio Fátima de Rafaela expuso no solo la creciente inseguridad en zonas residenciales, sino también un dato llamativo: entre los objetos sustraídos, los ladrones se llevaron medicamentos psiquiátricos que contenían clonazepam, un ansiolítico de uso controlado.
El hecho ocurrió en una vivienda ubicada sobre calle Aarón Castellanos al 900, cuando la familia que reside allí se ausentó por unas horas. Según consta en la denuncia policial, el dueño de casa, un hombre de 64 años, salió junto a su familia a las 20:00. Al regresar cerca de las 23:00, encontró la puerta principal violentada y un desorden generalizado.
La escena se completó con la irrupción también en un depósito ubicado en el patio trasero. De allí se sustrajeron dos fusionadoras, un rotomartillo, una amoladora, dos cajas de herramientas manuales, una llave de caño, un microondas marca Sanyo y —lo que más llamó la atención a los investigadores— medicamentos psicotrópicos con prescripción médica.
Un botín que inquieta
“El detalle de los psicofármacos es relevante. No es habitual que se lleven clonazepam si no hay un conocimiento previo de su existencia en la casa o algún interés puntual”, señaló una fuente judicial con conocimiento del caso, que pidió no ser identificada.
El clonazepam es un medicamento de uso delicado, incluido en listas de control sanitario por su capacidad de generar dependencia y por su uso frecuente en contextos no terapéuticos, tanto recreativos como delictivos. Su presencia en el botín abre múltiples hipótesis: desde una sustracción al azar hasta una planificación previa.
En la vivienda trabajó personal policial junto con el Departamento Científico Forense para levantar huellas y rastros. La investigación quedó a cargo de la fiscal Lorena Korakis.
El mapa del delito en expansión
Este nuevo episodio se suma a una secuencia de hechos delictivos que preocupan a los vecinos de Rafaela. A pesar de que los robos en viviendas no suelen tener visibilidad mediática más allá de las fronteras locales, los casos van en aumento y muestran un patrón que mezcla oportunismo con conocimiento previo de los movimientos de las víctimas.
“Nos fuimos solo por tres horas. Nadie vio nada. Y no se llevaron cualquier cosa: fueron a donde sabían que había herramientas y hasta medicación”, expresó el damnificado, visiblemente angustiado.
El hecho no sólo volvió a encender las alarmas de la inseguridad urbana en Rafaela, sino que deja en evidencia un fenómeno menos visible: la circulación de medicamentos de uso controlado en mercados ilegales.
Las autoridades no descartaron nuevas pericias ni posibles vínculos con otros hechos similares ocurridos en la ciudad en las últimas semanas.


