En apenas seis horas, la ciudad de Vera quedó sumergida bajo un manto de agua que redefinió los límites de lo previsible. La cifra impresiona: más de 400 milímetros de lluvia, el equivalente a varios meses de precipitaciones, cayó entre la noche del lunes y la madrugada del martes, provocando inundaciones masivas, evacuaciones forzadas y la suspensión total de las clases.
Vera, un tranquilo municipio al norte de la provincia de Santa Fe, despertó en estado de emergencia. Familias enteras vieron cómo el agua se abría paso por sus hogares, sin tiempo de reacción ni defensa. Calles convertidas en ríos. Escuelas rurales aisladas. Caminos anegados. El paisaje urbano mutó en cuestión de horas en una escena de crisis humanitaria.
«Nunca vivimos algo así«, confesó la intendenta Paula Mitre, visiblemente afectada, en diálogo con la prensa local. «En solo seis horas se registraron aproximadamente 400 milímetros. No hay infraestructura que aguante eso». Su frase no fue una exageración: los sistemas de drenaje colapsaron, y la ciudad se vio empujada a la improvisación frente a lo que describió como un fenómeno climático sin precedentes.
Las imágenes que circulan desde el amanecer muestran a vecinos con el agua por la cintura, tratando de rescatar pertenencias, trasladarse en botes improvisados o simplemente sobrevivir. Aunque las lluvias cesaron con la llegada de la mañana del martes, lo que permitió un leve drenaje del agua acumulada, las pérdidas materiales ya son irreversibles para muchas familias.
«Lo que cayó en esas pocas horas es lo que esperamos en varios meses», advirtió Marcos Escajadillo, secretario de Protección Civil de la provincia. La magnitud del fenómeno forzó al gobierno a desplegar asistencia de emergencia: módulos alimentarios, colchones, kits de limpieza y contención sanitaria.
Las autoridades provinciales insisten en que la emergencia aún no ha terminado. La alerta meteorológica continúa, y los pronósticos advierten que podrían registrarse nuevas lluvias en las próximas horas.
Sin embargo, más allá de la urgencia inmediata, lo sucedido en Vera pone en cuestión algo más profundo: ¿cómo se prepara un país como Argentina, con ciudades intermedias y pueblos vulnerables, frente a un clima cada vez más extremo e impredecible? En un contexto global marcado por la crisis climática, lo ocurrido en esta localidad santafesina no puede leerse solo como una catástrofe puntual, sino como una advertencia.
“Lo que nos pasó en Vera puede repetirse en cualquier rincón del país si no replanteamos cómo habitamos nuestro territorio y cómo nos preparamos para lo que viene”, reflexionó una docente local mientras ayudaba a limpiar los restos de barro en una escuela anegada.
Vera hoy intenta recuperarse. Pero la pregunta que dejó la lluvia aún sigue flotando: ¿estamos listos para el próximo golpe?


