Esperanza: Conmovedor gesto

«Vengo para que tengan vida y en abundancia»
Debería ser fácil para cualquier cronista cubrir un cumpleaños de 15. No es este el caso. No fue una tarde de fiesta la de ayer en la plaza.
Brenda Brondetta, una chica de barrio de la ciudad, debió cortar la torta, bailar el vals, reirse abrazada a sus amigos, bendecir a la vida junto a sus padres, sus hermanos, sus primos, sus tías y abuelos. Ella decidió que no sería así. A sus 14 años tomó la decisión de alejarse para siempre de nosotros.
En la Plaza San Martín, su familia se reunió para lo que debió ser su cumpleaños de 15. Su fotografía presidió el encuentro y dos manojos de globos buscaron el cielo de Esperanza elevados hasta sus manos en el cielo. Fue el beso de sus padres, de sus hermanos, de los seres queridos, que quisieron darle en su cumpleaños.
El Padre Axel Arguinchona leyó el Evangelio sobre la vida de Jesús, que murió muy joven, cuando apenas tenía 33 años, clavado en una cruz.
«El murió por todos nosotros, vino para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Nuestra fe nos dice que quien cree en Jesucristo no morirá jamás. Nosotros creemos que Brenda está junto a Dios, en la luz eterna de vida plena como Jesús nos prometió» dijo el Padre Axel.
En la plaza estaban sus compañeros del colegio secundario, la escuela técnica «Gregoria Matorras», desde primero a sexto año. Ella iba al primer año. Todos con rostro de padecer esta ausencia y muchos de ellos con lágrimas por ese dolor.
También estaban sus amigos, chicos que se asoman a la puerta de la vida, en una sociedad actual donde es tan fácil encontrar el pesar y la muerte, y donde para no pocos, son apenas un número.
También las autoridades del equipo interdisciplinario de la Subsecretaría de Promoción Social que trabaja muy duro en este tema, junto a otras organizaciones del Estado, incluido el provincial y el nacional para contener y dar respuesta, que nunca alcanzan por el volúmen de las crisis sociales y familiares.
Su mamá dijo unas pocas palabras. La que el alma apresada por la tristeza, dolida, le permitía, sobre todo de gratitud para quienes los acompañan ante el dolor, tal ves el peor que sacude a una familia: la pérdida de un hijo a tan corta edad cuando apenas abría sus ojos a la vida.
Lo que sí hubo en abundancia fue silencio. Un profundo silencio que tiene por voluntad callada un mensaje: tenemos que cuidarnos más, querernos más, tolernarnos a nosotros mismos y a los demás, más.
Escuchar al corazón lastimado, aún en temas que para nosotros no nos parecen siquiera importantes.
Ningún esfuerzo es poco para cuidar la vida, porque un sólo ser humano que se pierde, la humanidad entera no será la misma. Porque cada ser es irrepetible y tiene una misión en el mundo, que otro niño, joven, adulto, anciano no podrá jamás cumplir.
En un mundo deshumanizado, egoísta hasta la matanza en las guerras, Brenda Brondetta es un faro de luz que baja desde el cielo, un grito, un susurro de lo alto al oído de los que no dieron aún el paso de vivir por amor a los otros. Pero hay que tener claro una cosa: no debió ser así.
Su ser es ahora inalcanzable para los que habitan esta tierra, pero alcanzable cuando se la recuerde en cada gesto de amor, piedad, comprensión y estímulo a cada pibe esperancino, que busca entre tantas rejas, ser libre y ser feliz. Razón primera y última por la cual se nace.

 

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