El flamante secretario de Cultura se expresó sobre el mural de los años 50 que quedó cubierto dentro de un negocio de la Galería Rosario, y sobre el que el municipio «no tiene potestad» por tratarse de una propiedad privada.
“La Municipalidad no puede intervenir, es una propiedad privada”, expresó el secretario de Cultura del municipio, Dante Taparelli, sobre el mural que Julio Vanzo pintó en los años 50 en la Galería Rosario y ahora, al alquilarse el local, fue cubierto por un exhibidor de mercadería. La situación de la enorme pintura titulada “Los músicos” generó preocupación desde fines del año pasado por su mal estado de conservación y por el temor de que se perdiera a pesar de su valor patrimonial, artístico e histórico.
“Acá hay un conflicto de intereses y de usos”, continuó Taparelli, él mismo un polifacético artista. “La obra fue realizada en una pared completa sobre la barra del entonces bar Mogambo, donde se tomaban los mejores licuados de Rosario, y era acorde con el lugar. Pero cuando el bar cerró se destinó a otros fines comerciales y quedó esa única pared que da de frente a la peatonal para apoyar estanterías”, advirtió. “Yo soy un defensor a ultranza del arte pero acá la Municipalidad no tiene potestad, el que decide es el propietario y no se puede poner una estantería en la vidriera”, insistió.
En el local 1 de la tradicional galería inaugurada en mayo de 1956 funcionará una óptica que está pronta a abrir sus puertas. El nuevo inquilino ingresó a principios de marzo y no intervino la composición poscubista de Vanzo, tal como lo establece el contrato de alquiler por tres años, aunque sí la cubrió con un mueble recetero (donde se exponen y guardan anteojos) y una placa de durlock sujetada desde el techo, según él mismo relató a este diario.
“La Municipalidad no está en condiciones de reclamar, a lo sumo podrían hacerlo los herederos de Vanzo. Me imagino que con el tiempo se podrá ver cómo acondicionar el lugar para que (la pintura) se vea”, opinó Taparelli, además de apuntar que “el mural no está destruido sino tapado, oculto”. Según el funcionario, que asumió recientemente, el municipio cuenta con equipos de restauración con capacidad de hacer los trabajos de puesta en valor pero el límite es que las obras se encuentren dentro de una propiedad privada. “Una salida es que el Estado o una fundación adquirieran el local y se pusiera en funcionamiento una oficina pública con ese fondo”, concluyó.
Este no parece ser un tiempo propicio en esa dirección, incluso en lo que se refiere a obras expuestas en los espacios públicos. “Estamos esperando que se despandemice el panorama para poder acudir a sponsors, ya que hay un presupuesto para restauración pero ahora el 70 por ciento del presupuesto municipal se destinó a salud”, señaló Taparelli, con la expectativa de que “este año sea mejor que el otro”.
En tanto desde el espacio “Basta de demoliciones”, un nucleamiento de vecinos en defensa del patrimonio de la ciudad desde hace 10 años, se mostraron preocupados “porque ésta no es el primer Vanzo que desaparece”, según una de sus integrantes, Ana María Ferrini. “La decisión de cubrir el mural con un mueble atenta contra el patrimonio, que es de todos, porque nos quita a todos la posibilidad de verlo, además de que se arruina como ya ha pasado con otras obras porque la sombra genera hongos y humedad”, advirtió, y recordó que en Rosario “hay muy buenos restauradores” que podrían trabajar en casos como éste. Sin embargo, “no hay guarda del patrimonio, ni el tangible ni el intangible”.
Ferrini afirmó que la ciudad perdió el 30 por ciento de su patrimonio arquitectónico y que junto a otros miembros de “Basta de demoliciones” batallan permanentemente para que la situación se revierta, incluso mandando cartas a las autoridades de la Municipalidad y del Concejo.
En relación a “Los músicos” de Vanzo, señaló que constituye un patrimonio tangible y artístico, al que además hay que valorar en un contexto histórico.



